Carta del Dr. Carlos Meeroff a Alberto Muniagurria y Judith Lande en respuesta a un artículo publicado
Estimados Dres. Alberto J. Muniagurria y Dra. Judith Lande

Ante mi opinión por la publicación en el diario ”La Nación” me permito contestarles a vuestro mail del 7 del corriente, sobre "líneas ampliatorias de mis ideas sobre eutanasia".

Le adjunto referencias bibliográficas que cubrirán los muchos claros de mi respuesta.

Cuando uno llega al fondo del tema, cae en la conclusión que la ubicación que adopta es, quiéralo o no, marcadora de un disenso categórico. Lo precisa muy bien Morand en su polémica con Laborit1: "Hay que tener mucha pretensión para negar a Dios. El que tiene, estéticamente, necesidad de existir. Los argumentos más serios que se pueden leer contra él, no son más que el resultado de una lógica humana, salida de un cerebro humano, fruto de nuestra incapacidad para concebirlo.

Por su parte Morand, ubicándose en la vereda opuesta le contesta que: ”el hombre crea a Dios en tanto es posible su servicio”.

Al final, Laborit, conciliador, sintetiza la discusión agregando "Los argumentos razonados para sostener su existencia no parecen ser ni más ni menos falaces que los esgrimidos para negarlo, porque tanto unos como otros son esencialmente humanos. Nadie me convencerá ni yo convenceré a nadie. Mejor no abordar el tema. Como dice nuestro amigo Chauchard "opción libre, cuestión de fe personal".

Sin desearlo nuestra exposición sobre dualismo-monismo nos condujo a ocuparnos de religión un aspecto importante, extraordinariamente importante, de la cultura humana. 

Laborit: "Nadie me convencerá ni yo convenceré a nadie. Mejor no abordar el tema".

Pero el tema acucia y resulta difícil y hasta imposible obviarlo. Cabe entonces, respetarnos mutuamente y buscar, mientras tanto, trabajar en común en un objetivo trascendente, cual es mejorar el cuidado de la salud humana, que ha caído en un trágico abandono, reconocido por la sociedad toda.

Precisamente este enfoque "conciliador" si quiere llamarlo, hace comprensible la aceptación de la legalización de la eutanasia, que no es una obligación, sino un derecho.

Pasa con la eutanasia lo que con el aborto. Cuando propiciamos la despenalización de la suspensión del embarazo, se nos acusa de fomentarlo y, por consiguiente, de incitar al asesinato de un ser presuntamente vivo.

Me recuerda lo que pasaba con la ley del divorcio. Los opositores, religiosos en su mayoría, acusaban a los que propiciábamos su consagración legal, que incitábamos a la destrucción de la familia.

Se trata de cuestiones trascendente cuya solución, variable en cada caso, la adopta el directamente afectado gozando de plena libertad, garantizada por una organización social estructurada sobre el principio ético y jurídico de la igualdad entre los seres humanos, dotados de libertad y dignidad, conviviendo en un ambiente de fraternidad y solidaridad.

Días pasados, cambiando ideas sobre el tema, un colega de elevada alcurnia intelectual, cuando uno de los contertulios nombró la palabra "ética", respondió contundente, "ética es cuidar al enfermo". Y me recordó una muy feliz expresión del Dr. Francisco Maglio. Con quien comparto responsabilidad en la conducción de la Sociedad Argentina de Medicina Antropológica: "hay que estar al lado y del lado del enfermo".

F. Mayor, Director de la UNESCO en la década del 70, decía que: "Sólo hay -debe haber- un protagonista, un beneficiario del progreso: cada hombre, cada mujer. A ellos, corresponde en el pleno ejercicio de sus derechos, diseñar su propio destino".

Sobre esta base moral, a partir de los trabajos estadounidenses, se elaboraron las normas de ética en el cuidado de la salud ("bioética" según la denominación propuesta por los mismos estudiosos), siendo la primera el derecho a la anatomía del paciente.

Autonomía implica libertad de pensar y de actuar y en el caso de la persona que demanda ayuda profesional médica, implica el derecho del mismo a la libre elección del profesional que ha de atenderlo y, más aún, el derecho de saber lo que tiene y lo que el o los profesionales deciden en materia diagnóstica y terapéutica. A su vez, el profesional debe contar con el acuerdo previo del paciente para atenderlo. Esa es la base de la relación médico-paciente, horizontal y no vertical y de esa figura jurídica que se conoce con la forma consentimiento informado. Sobre estos temas han escrito y seguirán escribiendo, médicos, antropólogos, letrados y desde luego filósofos.

Pero me parece que la mejor síntesis es la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la que derivaron sucesivamente declaraciones y legislaciones que traducen el anhelo del ser humano de vivir en una sociedad fraterna y solidaria, que asegure la libertad y la dignidad a través del respeto mutuo.

Me adhiero a las palabras de N. Lenoir, dirigente máxima de las organizaciones de Bioética, cuando afirma : "El progreso científico no merece ni adoración ni repulsión. Si interpela a la conciencia universal, es para que éste vele, por un lado, para garantizar que todos tengan acceso a él, y por otro, para prevenir los excesos. La bioética nos invita, en este sentido, a ser buenos, honrados y generosos, cualesquiera que sean los intereses económicos y de poder de la comprensión científica y, por ello, sólo puede ser universal, como ética de la responsabilidad y la solidaridad".

Por mi parte, he resumido mi pensamiento en los siguientes términos:

La ética debe ser la fiel compañera del médico, y desde antes, desde el momento en que el joven decide estudiar medicina y estar unida a ella mientras ejerce la profesión. Coincidimos con Gracia cuando sostiene que no se debe considerar la ética en medicina como una asignatura sino como un conjunto de problemas en los que el médico debe actuar.

Pero es necesario tener en cuenta que los tiempos se suceden y se producen cambios frente a los cuales los médicos debemos pronunciarnos, pero con serenidad y cordura, siguiendo el consejo de Rof Carballo : "no debemos dejarnos llevar pasivamente por estos cambios como simples "instrumentos" o como meros funcionarios a disposición de la estructura social dominante. La misión es muchísimo más trascendental, nada menos que la de cuidar de esa "articulación entre generaciones" que constituye la esencia de toda sociedad, y por ello es por lo que, muchas veces sin saberlo, actuamos ya en las avanzadas de la evolución históricas de las estructuras sociales, llevados no por ideas apriorísticas o de convicciones políticas sino, sencillamente, por el "ideal profesional", que nace de un impulso apriorísticas o de convicciones políticas sino, sencillamente, por el "ideal profesional", que nace de un impulso distrófico, de las raíces psicobiológicas de la vocación, completadas en el curso de su existencia por la experiencia y por el estudio".

Así comprendida, la ética rige las relaciones entre los hombres, y para ello la norma es nada puede ser deber para uno que no sea deber para otro en iguales circunstancias, dado que toda persona tiene una dignidad igual que toda otra. De ahí surge la complementation de la ley moral con la ley jurídica: asegurar a todos la misma posibilidad de lograr formación adecuada y gozar de una libertad personal sin ninguna tutela artificial. Por este camino se logrará satisfacer las necesidades de orden económico y cultural del ser humano.

La relación entre medicina y política (definida esta última como "arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados") debe ser de tal naturaleza que la primera no esté subordinada a la segunda, sino que el médico actúe en calidad de político (en cuanto político es, por definición, "versado en las cosas del gobierno y negocios del Estado"), pues una obligación esencial del Estado es el cuidado de la salud de la población. Pero eso, Virchow decía que el médico es el primero de los estadistas.

Ch. I. Dougherty realiza acertadas consideraciones sobre los valores éticos comprometidos en la reforma de la atención de la salud, que se discuten intensamente en estos momentos en Estados Unidos y que son útiles para todos los países. Distingue dos tipos de valores éticos diferentes entre sí: valores intrínsecos, relacionados con la persona en sí, y valores instrumentales, que comprenden recursos para poder asegurar los anteriores. Hay tres tipos de valores intrínsecos: 

1) los inherentes al estado de ser una persona, de la relación entre personas y la experiencia entre personas

2) los inherentes a la calidad o expresión de las interrelaciones amistad, solidaridad, atención, amor, etc., que imprimen un sello particular al valor de la atención fuera de especificidad de la misma, y

3) los inherentes a la percepción de bienestar o felicidad, que podría decirse que son la meta de atención. En contraste, los valores instrumentales involucran los medios, recursos y modalidades para mantener, asegurar y llevar a su grado óptimo los valores intrínsecos. La valuación de una meta posible es indisociable de la valuación de los medios para alcanzarla. "El análisis de los valores éticos comprometidos en la atención de la salud lleva a considerar que existen seis valores claves implicados en al proyectada reforma de la atención de la salud. Son ellos:

1) respeto por la dignidad de la persona;

2) atención solícita en la relación terapéutica;

3) protección de los menesterosos o desvalidos. Éstos serían los valores intrínsecos; mientras que serían instrumentales los siguientes:

4) prestar el servicio al bien común;

5) contener los costos en la atención de la salud, y

6) lograr simpleza en el sistema de provisión de atención para la población.

El debate sobre la reforma de la atención de la salud no será adecuadamente ético salvo que se contemplen específicamente los valores mencionados. Es importante en sí mismo y en su proyección el que se llegue a crear un sistema de atención de la salud que respete la dignidad de todas las personas, garantizándoles el derecho aun nivel básico de cuidados que dé cabida a la meritoria actividad de atender a otros, y que sirva a las necesidades de los que menos tienen. El crear un sistema que incorpore estos valores exigirá que el individualismo sea moderado por una mayor concentración sobre el bien común; a la par que se diseñan medidas rigurosas de concentración de gastos en el sistema de atención de salud y, finalmente, que la prestación a la salud y las providencias para la toma de decisiones sean creadas en forma administrativamente simple y políticamente prudente. 

En conclusión, la ética en medicina es la base de la medicina actual. Lo señala muy certeramente la Junta de Academias Latinoamericanas de Medicina (ALANA;) en la siguiente declaración:

"El nuevo orden está signado por el desarrollo científico-tecnológico y la democratización de los regímenes políticos, la racionalización científica y la libertad civil. El horizonte filosófico no es, entonces, el de la naturaleza propia de la etapa hipocrática ni el de Dios, propio de la etapa medieval, sino el del hombre.

Frente al orden natural y al sobrenatural surge el orden en construcción, o social. Toda filosofía moderna converge hacia la reflexión sobre la ciencia y la política en su relación con el hombre. Se legitima, así, la separación entre ética y religión, por un lado, y entre ética y metafísica, por el otro corolario de ello es el surgimiento de la deontología (teoría del deber) sobre la ontología (teoría del ser), en otras palabras: la deodontología, o la ética médica clásica, separada del orden religioso y del legal. Como profesión médica, como lugar de ciencia, docencia y asistencia médica, la medicina se transforma en disciplina de salud pública y el orden médico se constituye en el sistema normativo más influyente de la sociedad moderna".

Volviendo al tema específico de la eutanasia, quiero agregar que cada caso es una cuestión candente que origina polémicas íntimas, familiares pero también públicas. A menudo se resuelve según mandato de la naturaleza mientras no se llega a la toma de decisiones. Mi experiencia personal es vasta y comprende las situaciones más encontradas, en las que actué poniendo mi modesta capacidad al servicio de personas o grupos de personas basando en los valores éticos claves que mencioné en líneas arriba: respeto por la dignidad del prójimo; atención solícita en la relación terapéutica; protección de los menesterosos o desvalidos.

Espero que esas normas orienten la labor de los profesionales del cuidado de la salud.

De esta manera, obrando según el mandato de la conciencia. Será aceptable el disenso ante situaciones puntuales, sin reproches mutuos y menos acusaciones carentes de sentido. Recordemos a E. Pellegrino que sostenía que "la medicina es la más humanística de las ciencias. ”

Dr. Marcos Meeroff