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Actividades » Culturales

Centenario de una cátedra médica rosarina. Su nacimiento y consolidación

A 100 años del nacimiento de la Cátedra de Histología y Embriología de la Facultad de Ciencias Médicas, la Revista Médica de Rosario narra el paso de tres figuras clave para su desarrollo.

En el marco de la celebración del centenario de la Facultad de Ciencias Médicas (dependiente la Universidad Nacional de Rosario desde 1968), dos de sus Cátedras tradicionales: Anatomía Normal e Histología y Embriología    se suman a dicha secular conmemoración. Centrado en su cronológica andadura, el presente trabajo enfatiza el recuerdo anual que, desde hace décadas, realiza la última de ellas, evoca los actos llevados a cabo durante su nona- gésimo aniversario y hace una sucinta biografía personal y de gestión de tres protagonistas clave para su nacimiento y consolidación. Finalmente, reseña los esfuerzos hechos por sus sucesores y multitud de colaboradores para su mantenimiento identitario y alienta a aprovechar de manera fructífera el legado recibido, ahora en camino hacia el bicentenario.
Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo “La razón en el sentido común” Jorge Santayana (1863-1952) 
Una Cátedra centenaria
Hace más de cien años, la Cátedra de Histología  y Embriología inició una ininterrumpida evocación anual del 1º de junio de 1920, en virtud de que fue una clase de tal disciplina, desarrollada a las 8 por el Profe- sor Doctor Tomás Cerruti, la que inauguró académicamente en dicha fecha a la Facultad de Ciencias Médicas (Universidad Nacional de Litoral) (Fig.1).

Protagonistas de su inicio y consolidación 
TOMÁS CERRUTI Y PONCE DE LEÓN
Este médico nicoleño egresó a los 26 años de la Universidad de Buenos Aires con una premiada tesis relacionada con las infecciones agudas y las degeneraciones parenquimatosas (Fig. 2).

Figura 1. Clase inaugural de histología a cargo del Dr. Tomás Cerruti (1/06/1920)


Tal rememoración, que hoy alcanza su acmé, tuvo un momento cumbre previo durante su nonagésimo aniversario, celebrado con una clase alusiva, una placa conmemorativa y una publicación ad hoc.1
La década que condujo hasta hoy contó con la usual recordación cada primer día de junio, a la que fue sumada la socialización de las biografías de sus tres primeros profesores titulares (Tomás Cerruti, Tomás Ocaña y Aníbal Castañé Decoud).
En la convicción de que escudriñar la historia y  la evolución institucionales resulta en extremo beneficioso para salvar pasados errores y fortalecer pretéritos aciertos, se valora pertinente rescatar facetas personales y de gestión de los citados médicos quienes entre 1920 y 1975 sentaron y consolidaron su identidad.

Figura 2. Prof. Dr. Tomás Cerruti y Ponce de León (1871-1950)


Fue el primer titular concursado y el de mayor permanencia en la Cátedra (30 años), donde fuera auxiliado, entre otros, por el ginecólogo Emilio Benito César Argonz, el médico prusiano en trámite de reválida Hubertus Carlos Guillermo Kuester y el estudiante José Matías Cid (luego, anatomopatólogo).
Si bien dable es apreciar una multitemática producción científica (artículos y libro sobre Citología),  no ha sido posible hallar registro fidedigno sobre su gestión profesoral. No obstante, puede inferirse de su larga permanencia que debió atender ineludiblemente a la naciente y luego apuntalada estructura académica así como a la incorporación y formación de personal docente y no docente.
Falleció a los 79 años en su quinta de La Falda, Córdoba, un mes antes de la intervención de la UNL por el Poder Ejecutivo Nacional
Sin prescindir de sus luces, que las tuvo, y de sus sombras (probadas afinidades autocráticas, documentado reparo sobre su desempeño por parte del Dr. Bernardo Houssay, relaciones tempestivas y selectivas con determinados alumnos, permanencia en el cargo en simultáneo con la renuncia masiva de profesores y Decanato efímero durante la turbulenta y polémica década del 40) su paso por la Facultad no puede calificarse de inadvertido ya que, al margen de cualquier examen crítico que pudiere intentarse y que a todos cabe, el hecho inaugural que lo tuvo como protagonista lo ha tornado referencia histórica insoslayable.

TOMÁS OCAÑA
Tras el fallecimiento del Dr. Cerruti en 1950, el Dr. Tomás Ocaña fue nombrado Profesor Titular interino de Histología Normal y Embriología, cargo éste en el que fuera confirmado por el Poder Ejecutivo Nacional de entonces (Fig. 3).
Rosarino de nacimiento, egresó como Doctor en Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas (UNL) hacia fines de la década del 20 por lo que, sin dudas, fue alumno de su predecesor.
Tuvo una muy prolífica y variopinta producción científica como autor y como coautor junto a connotados médicos: Fernando Ruiz, Enrique Pedro Fidanza, Rafael Babbini, Francisco Carrillo, Teodoro Fracassi, Ricardo Puig y Leopoldo Chiodin, siendo algunos de sus trabajos citados por autores extranjeros.
Tras  un efímero paso por el Consejo Directivo   de la Facultad de Ciencias Médicas (UNL), cesó como Profesor Titular de Histología Normal y Embriología en 1955, siendo designado Profesor Emérito post mortem de dicha Cátedra a fines de 1973.
A pesar de que, salvo el obvio mantenimiento de la unidad, no se encontró registro alguno de su quinquenal gestión, puede decirse que su desempeño se inscribió en un contexto nacional e internacional tumultuoso que afectó la constitucional republicana forma de gobierno de Argentina.

Figura 3. Prof. Dr. Tomás Ocaña (1905-1973).



ANÍBAL HUMBERTO DANIEL CASTAÑÉ DECOUD
Aníbal Humberto Daniel Castañé Decoud fue  su sucesor. Nacido en Asunción (Paraguay), y también alumno de Cerruti, egresó de la Facultad de Ciencia Médicas (UNL) en 1936 como Médico Cirujano, doctorándose en 1942 con una tesis sobre afectación de ramas nerviosas cutáneas causada por la lepra, publicada luego como trabajo in extenso, con internacional impacto (Fig. 4).
A fines de 1955, fue designado Profesor Adjunto de la Cátedra de Histología y Embriología de nuestra Facultad; en 1956, Profesor Titular interino de ella y en 1957, Profesor Titular interino de Anatomía, Histología y Embriología Dentarias de la Facultad de Odontología, cargos titulares que concursó con posterioridad durante dos gobiernos democráticos (1960 y 1964, respectiva- mente).
Intervino en numerosas reuniones científicas nacionales e internacionales, realizó pasantías en el exterior, tuvo amplia producción científica socializada dentro y fuera de Argentina como autor y coautor junto a destacados especialistas (los neurólogos Teodoro Fracassi y Rafael Babbini, los dermatólogos Pedro Scolari, Salomón Schujman, Francisco Carrillo y Vicente Pecoraro, el ginecólogo Pedro Sans, el morfólogo Horacio Alfredo Hernández, el anatomista Andrés Pezzetti, el pediatra e higienista Ángel Invaldi y el embriólogo Enrique Pedernera, - hoy residente en México -).
Su destacable legado, empero, fue la Cátedra don- de instaló un sentido preciso de planificación y organización de las reuniones teóricas y prácticas de grado, y de las correspondientes evaluaciones, aún vigente. En idéntico sentido, motorizó la adquisición de un número significativo de microscopios ópticos y activó, a la par, la producción de perdurables modelos (moulages) embriológicos, con el artista Juan Esteban. Alentó, además, la capacitación docente mediante los ateneos científico- culturales de actualización temática, un curso formal para aspirantes a ayudantías y una mejor formación pedagógica. A este respecto, los instó a asistir a un Curso de Pedagogía desarrollado en la Facultad a inicios de los 70, y predicó con el ejemplo inscribiéndose en primer término. Merced al mismo, un grupo de colaboradores dio origen a una línea de investigación educativa que permanece y que, con los años, proveyó trascendencia nacional e internacional a la Cátedra. Estimuló, asimismo, la conformación de equipos de investigación científica, impulsó el ingreso de docentes graduados a la naciente Carrera del Investigador Científico de la Universidad Nacional de Rosario, fomentó la participación en reuniones llevadas a cabo en el país y en el extranjero, promovió la difusión de trabajos originales, la forma- ción de capital humano y creó la Revista de la Cátedra. No conforme con ello, hizo ampliar y reciclar distintas dependencias logrando el acmé de su cometido con la creación de la Sección de Microscopía Electrónica. Puso en marcha, también, la Sección Histoquímica y contribuyó al establecimiento del Criadero Central de nuestra Facultad.
Intimado a jubilarse en marzo de 1975, falleció en Rosario en agosto de ese año.
Relacionadas entre sí, corresponde señalar que estas tres vidas fueron hijas de su época y cabe analizarlas y valorarlas en ese marco.

Figura 4. Prof. Dr. Aníbal Humberto Daniel Castañé Decoud (1909-1975).


La herencia
Con dicho pasado como guía, varios discípulos del Dr. Castañé a a quienes se sumaron otros valorables colaboradores,que intentaron retomar y continuar su herencia, conservando lo conservable, incrementando lo posible, adecuando las estrategias de enseñanza y de aprendizaje, contribuyendo mediante una docencia seria ante reiterados ingresos directos y masivos, revitalizando  la formación de capital humano en docencia e investigación científica, profundizando la fructuosa y pionera línea de investigación educacional-cultural como alternativa a la preexistente línea biológica, socializando artículos, capítulos de libros y libros sobre ambas líneas e interactuando con unidades académico-administrativas nacionales e internacionales.
Habiendo tenido, también, pérdidas al margen de esfuerzos en contrario, resulta perceptible la valía de haber vuelto la vista atrás pues ello posibilitó sembrar para cosechar a futuro, potenciando fortalezas, superando debilidades y aprovechando oportunidades.
Pese a que puntuales avatares pudieron haber puesto en riesgo la antes aludida identidad de la Cátedra, he la intacta participando en la docencia de grado y de postgrado, la formación académica, la investigación científica, la extensión y la gestión institucional bajo la responsabilidad de la Dra. Stella Maris Roma, primera profesora titular concursada desde aquel lejano 1920.
Justo es subrayar, asimismo, que lo recorrido durante la centuria transcurrida fue posible por la participación y el compromiso de centenares de personas que, desde distintas funciones y mediante emprendimientos concretos, coadyuvaron a su perdurabilidad y progreso. Ante lo inviable de nombrarlas en totalidad por atendibles razones, vaya un entrañable agradecimiento a docentes y no docentes, pasados y actuales, presentes y ausentes, por cuanto hicieron en bien de ella.


Por: Alberto Enrique D´Ottavio, Profesor Honorario de la Facultad de Ciencias Médicas y Miembro del Consejo del Consejo de Investigaciones de la Universidad Nacional de Rosario.

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