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Actividades » Sociales

A la memoria de un gran maestro José María Fernández

El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos. William Shakespeare

por Jorge Bottasso  (Instituto de Inmunología Clínica y Experimental de Rosario (Universidad Nacional de Rosario-Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), Rosario; Argentina)

Los rasgos más prominentes de los componentes innato y adaptativo del sistema inmune señalan que el primero es rápido y relativamente inespecífico, mientras que el segundo exhibe más lentitud, con alta especificidad y capacidad de generar memoria. El hecho de que células inmunes innatas pueden desarrollar, sin embargo, una suerte de memoria a este nivel puso en duda alguna de estas aseveraciones, más que nada porque los monocitos y las células asesinas naturales, son capaces de producir este tipo de respuesta, en buena medida a través de cambios epigenéticos. Dicho fenómeno del brazo innato recibió el nombre de "inmunidad entrenada" (1), y vino a explicar observaciones donde la inmunización con componentes micobacterianos o agentes relacionados ejercen efectos beneficiosos no sólo en infecciones de símil o distinta etiología sino también en entidades nosológicas con fuerte protagonismo de la respuesta inmune, como lo es el crecimiento tumoral (1-9). 

Por su relevancia, “trained immunity” comenzó a ser un tópico muy frecuentado en reuniones inmunológicas, como lo fue durante el Curso de Inmunidad Innata llevado a cabo en un Universidad Mexicana en 2016. Ante un auditorio repleto de estudiantes doctorales e investigadores, el profesor Jean Marc Cavaillon abordó el tema con el profundo dominio que siempre ha tenido en estas temáticas (10,11). Dado que la inmunización con BCG, es un ejemplo típico de los efectos señalados, el conferencista del Instituto Pasteur hizo un racconto de la evidencia al respecto para luego abocarse al tratamiento de los mecanismos subyacentes. Concluida la clase y elogios de por medio, el asunto daba para discutir inextenso. En un momento de la conversación los sentimientos vernáculos trajeron a colación un estudio pionero realizado por un rosarino a mediados de los años 50 (12). Jean Marc se puso a buscar rápidamente y tras unos pocos clics el ordenador lo posicionó ante el resumen del trabajo el cual daba cuenta que la inmunización con BCG y antígenos de Mycobacterium lepraemurium condicionaba un mejor curso de la lepra experimental en ratas. Tras su regresó a París el mail en el cual remitía el archivo PDF de aquella publicación no se hizo esperar. 

Este hecho que bien podría ir no más allá de lo anecdótico es un elemento saliente de una historia de nuestros lares digna de rescatar y hacer visible, a todas luces.  El trabajo en cuestión en realidad formaba parte de una serie de estudios realizados por el mismo investigador y centrados en el empleo de la BCG como herramienta profiláctica para la lepra. La primera publicación se había concretado en 1939 en la Revista Argentina de Dermatología (revisado en 13) seguida de una serie de aportes concatenados que se extendieron hasta 1962. Dichas contribuciones fueron cruciales para que otros investigadores y la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) emprendieran acciones en este sentido (14-16). Obviamente, estamos haciendo referencia a José María Manuel Fernández, quien había nacido en Tucumán el 4 de septiembre de 1902 en el seno del matrimonio constituido por José María Fernández y Mercedes Pallette; y posteriormente realizó sus estudios primarios en Baradero habida cuenta del traslado de la familia a esa localidad. Al borde de la adolescencia tuvo que abandonar su terruño para cursar el bachillerato, inicialmente en Buenos Aires y después en Rosario, donde se graduaría en 1921 en lo que fuera el Colegio Nacional Domingo Faustino Sarmiento. Al año siguiente ingresa a la Facultad de Ciencias Médicas, Farmacia y Ramos Menores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), que había empezado a funcionar dos años antes; y en 1928 obtiene el título de Doctor en Medicina. Apenas graduado, se integró a la Cátedra de Clínica Dermatosifilográfica, cuyo profesor era el Dr. Enrique Fidanza, mientras que tiempo después comienza a desempeñarse en el Servicio de Leprología del Hospital Intendente Carrasco, en el cual obtuvo la jefatura de la Sala de Mujeres. Fue responsable, asimismo, de la sección Heredo-Lúes en la Cátedra de Clínica Pediátrica a cargo del Dr. Camilo Muniagurria.

Hacia fines de 1932 efectúa un viaje de estudios gracias a una beca otorgada por el entonces Patronato de Leprosos de Buenos Aires. Así consiguió visitar encumbrados centros de leprología, tales como el Sanatorio de Carville (EE. UU.); los hospitales de Kalihi y Molokai en Hawaii, los de San Lázaro, Culion y Cebú, en Filipinas; el National Leprosarium de Japón, donde conoció a Kensuke Mitsuda; como así también importantes nosocomios de la India y San Pablo. 

Con sus flamantes 32 años, contrae nupcias con María Inés Franzini Herrera (afectivamente conocida como la Rubia en el ámbito profesional y académico); sin lugar a duda la persona más relevante en la vida de este gran maestro quien no sólo lo acompaño y apoyó en todos los momentos centrales de su existencia, sino que llevó adelante una notoria labor social en el Hospital Intendente Carrasco y la Sociedad Argentina de Leprología. 

Los logros de Fernández seguían in crescendo y para 1936 es designado Profesor Adjunto en la Cátedra a la que era adscripto. Tiempo después se dirige a Francia acompañado de su esposa, para un entrenamiento en el Hospital Saint Louis de París. Como parte del itinerario, le cupo la responsabilidad de asistir en calidad de representante oficial por Argentina al Congreso Internacional de Lepra celebrado en El Cairo en el que efectuó dos ponencias. Atento a que los delegados tenían rango diplomático, las exigencias del ceremonial incluían el uso de frac, indumentaria de la que Fernández y su dilecto colega y amigo el Dr. Guillermo Basombrío carecían. Negociaciones de por medio unos mozos del hotel les facilitaron la vestimenta que posibilitaba su asistencia. Según lo referido por María Inés, en un momento de la cena se colgaron una servilleta del brazo simulando oficiar de servidores. 

Anécdota aparte, en 1940 obtiene el cargo de profesor titular, por concurso, de la Cátedra de Dermatología de la Facultad de Ciencias Médicas. Como si fuera poco, ese mismo año publica el trabajo más señero de todas sus investigaciones: la reacción precoz tras 48 horas de efectuada la intradermorreacción con lepromina, definida como un fenómeno de hipersensibilidad retardada y que posteriormente llevaría su nombre (17). 

El golpe militar de 1943 condujo a la intervención de las universidades nacionales y se desataron persecuciones hacia profesores y estudiantes. El Dr. Fernández, al igual que otros docentes, renuncia a su cátedra. Será reintegrado en 1945, pero en 1946, una nueva intromisión lo deja cesante. 

Lejos de soltar los remos, en 1948 concurre al Quinto Congreso Internacional realizado en La Habana, como delegado del Patronato del Enfermo de Lepra de Rosario. Él, el Dr. Basombrío y otros leprólogos brasileños llevarían adelante la iniciativa de adoptar una nueva clasificación de las formas clínicas de la enfermedad. La propuesta se consolidará en el sexto Congreso Mundial realizado en Madrid en 1953 donde presidió la comisión de inmunología. 

A pesar de que en 1950 había sido separado de su cargo en el Hospital Intendente Carrasco; un par de años después obtiene una beca del United States Public Health Service para efectuar estudios en el Departamento de Bacteriología e Inmunología de la Universidad de Harvard en la cual dicta cursos en la Escuela de Salud Pública. De regreso al país, y nuevamente en una iniciativa conjunta con el Dr. Basombrío, durante 1954 promueven la creación de la Sociedad Argentina de Leprología; de la cual serían las principales figuras de la Primera Comisión Directiva (en 1961 se lo designará como Presidente Honorario de la misma).

Tras la revolución de 1955 se le restituye su cargo hospitalario y se lo reincorpora a la Cátedra. Al crearse el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (1958), integra sus primeros Directorios. Coincidentemente, la OMS lo hace miembro del Comité de Expertos en Lepra, y en paralelo accede al cargo de vicepresidente para las Américas de la International Leprosy Association (ILA) y Editor Asociado del International Journal of Leprosy. En 1963 y durante el VIII Congreso Internacional de la Lepra llevado a cabo en Río de Janeiro es elegido presidente de la ILA, el primer latinoamericano en ocupar ese sitial. En el tramo final de su carrera y gracias al apoyo otorgado por la OMS para proyectos orientados a la estandarización de la lepromina y la caracterización de modelos experimentales de la enfermedad, concreta otras dos publicaciones aparecidas en 1963 (18,19).

Su agenda internacional determinó que en 1964 tuviese que dirigirse a Londres y Ginebra. En el vuelo de regreso sufrió un ictus apoplético, que le obligó a detenerse en Recife para ser atenido y posteriormente trasladado a su ciudad. Pocos meses después, concretamente el 21 de julio de 1965, este hijo adoptivo de la ciudad que tanto disfrutaba de sus paseos a lo largo del Paraná partió de este mundo rodeado de sus afectos.  

Amén de los estudios ya comentados, el Dr. Fernández también llevó a cabo otros tipos de investigaciones que hoy denominamos intervencionistas (por ejemplo, el tratamiento con sulfonas), en paralelo a otras de corte observacional como así también las orientadas a conocer las bases fisiopatológicas de la enfermedad. Dichos trabajos se extienden desde 1934 hasta entrados los años 60; y el grueso de ellos fue publicado en revistas muy bien posicionadas para el campo disciplinar que insertaron al país en un contexto internacional de calidad; particularmente en tiempos donde aún no se contaba con las poderosas herramientas de las que hoy dispone la inmunología; mucho menos en Argentina. Nobleza obliga a destacar, incluso, que muchas veces tuvo que financiar los proyectos con fondos propios. En ocasión de visitar el laboratorio del Hospital Carrasco, el gran Dharmendra, quedó impactado de los logros alcanzados a pesar de la austeridad en la que le había tocado desempeñarse.

Lo hasta aquí reseñado es suficiente para que nos formemos una idea cabal acerca de este gran ser humano. Sin ánimo de ser reiterativo es necesario señalar, sin embargo, un hecho referido por discípulos que durante sus años de formación en Dermatología tuvieron la oportunidad de conocerlo. En el tiempo que a Fernández le tocó desempeñarse, la Lepra era una enfermedad terriblemente estigmatizante. Cualquier asalariado que solicitara un permiso para ausentarse de su trabajo por tener que concurrir al “Carrasco”, era puesto bajo la mira. Consciente de lo problemático de esa situación, el profesor y su esposa solían concurrir los domingos por la mañana al Hospital para asistir pacientes como así también controlar a los convivientes y de ese modo evitar dicho permiso laboral. Aquella frase del evangelio de San Mateo "No dejes que tu mano izquierda sepa lo que hace la derecha", habitaba en lo profundo de estas personas.

Las palabras que el Profesor Luis María Baliña, refiriera en su obituario son una síntesis muy acertada de las virtudes que confluían en este eximio colega, “seguir la línea del doctor Fernández será optar por el respeto a la persona enferma, por la actitud de servicio del médico frente al enfermo y por el desarrollo científico y técnico de la comunidad para servir a la persona".

A riesgo de que las emociones nos jueguen una mala pasada, MUY APRECIADO DOCTOR FERNANDEZ permítame expresarle nuestra profunda gratitud por todo lo que usted llevó adelante como médico, investigador, docente y su hombría de bien. 

Albergamos la esperanza de que en el futuro exista un aula de la facultad con su nombre en el ingreso. Alguien seguramente querrá saber de quién se trató, y así conseguiremos refrescar la memoria de quien constituyera una figura tan ejemplar en la historia de esta casa de estudios. 

Referencias Bibliográficas

1. Netea MG, Schlitzer A, Placek K, Joosten LAB, Schultze JL. Innate and adaptive immune memory: an evolutionary continuum in the host's response to pathogens. Cell Host Microbe 2019 9;25: 13-26

2. Dos Santos JC, Barroso de Figueiredo AM, Teodoro Silva MV, Cirovic B, de Bree LCJ, Damen MSMA, Moorlag SJCFM, Gomes RS, Helsen MM, Oosting M, Keating ST, Schlitzer A, Netea MG, Ribeiro-Dias F, Joosten LAB. β-Glucan-induced trained immunity protects against Leishmania braziliensis infection: a crucial role for IL-32. Cell Rep 2019; 28(10):2659-2672

3. Dos Santos JC, Vilela Teodoro Silva M, Ribeiro-Dias F, Joosten LAB. Geller A, Shrestha R, Yan J. Yeast-derived β-glucan in cancer: novel uses of a traditional therapeutic. Int J Mol Sci 2019; 20(15). pii: E3618.

4. Moorlag SJCFM, Arts RJW, van Crevel R, Netea MG. Non-specific effects of BCG vaccine on viral infections. Clin Microbiol Infect 2019; 25(12):1473-1478.

5. Dos Santos JC, Vilela Teodoro Silva M, Ribeiro-Dias F, Joosten LAB. Non-specific effects of BCG in protozoal infections: tegumentary leishmaniasis and malaria. Clin Microbiol Infect 2019; 25(12):1479-1483

6. Bonifachich E, Chort M, Astigarraga A, Diaz N, Brunet B, Pezzotto SM, Bottasso O. Protective effect of Bacillus Calmette-Guerin (BCG) vaccination in children with extra-pulmonary tuberculosis, but not the pulmonary disease. A case-control study in Rosario, Argentina. Vaccine 24: 2894-2899, 2006.

7. Fontanella GH, Pascutti MF, Daurelio L, Perez AR, Nocito AL, Wojdyla D, Bottasso O, Revelli Silvia, Stanford JL. Improved outcome of Trypanosoma cruzi infection in rats following treatment in early life with suspensions of heat-killed environmental Actinomycetales. Vaccine 25: 3492-3500, 2007.

8. Vicco MH, Bontempi I, Rodeles L, Yodice A, Marcipar IS, Bottasso O. Decreased level of antibodies and cardiac involvement in patients with chronic Chagas heart disease vaccinated with BCG. Med Microbiol Immunol 202: 133-139, 2014.

9. Grange J, Bottasso O, Stanford C, Stanford J. The use of mycobacterial adjuvant-based agents for immunotherapy of cancer. Vaccine 26: 4984-4990, 2008.

10. Rasid O, Chevalier C, Camarasa TM, Fitting C, Cavaillon JM, Hamon MA. H3K4me1 Supports Memory-like NK Cells Induced by Systemic Inflammation. Cell Rep. 2019 Dec 17;29(12):3933-3945

11.Cavaillon JM. Exotoxins and endotoxins: Inducers of inflammatory cytokines. Toxicon. 2018 Jul;149: 45-5.

12. Hanks JH, Fernandez JM. Enhancement of resistance to murine leprosy by BCG plus specific antigen. Int J Lepr. 1956; 24: 65-73. 

13. Fernandez JM. BCG in the profilaxis of leprosy. Int J Lepr 19: 474-477, 1951.

14. Stanley SJ, Howland C, Stone MM, Sutherland I. BCG vaccination of children against leprosy in Uganda: final results. J Hyg (Lond) 1981; 87(2):233-48

15. Convit J, Sampson C, Zúñiga M, Smith PG, Plata J, Silva J, Molina J, Pinardi ME, Bloom BR, Salgado A. Immunoprophylactic trial with combined Mycobacterium leprae/BCG vaccine against leprosy: preliminary results. Lancet. 1992; 339(8791):446-50

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19. Fernandez JM, Serial AA, Mercau R, Aguero H. Alopecia in hybrid mice inoculated with material from leprosy lesions. Int J Lepr. 1963; 31:323-36.

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