Enviar URL:

Si no visualiza el código,haga click en él, para cambiarlo.

    x
  • • Su mensaje fue envído.
Actividades » Viajando

Mi viaje a la Antártida 

Cristina J. Goytia nos cuenta, con su habitual mirada inteligente y un toque de sentido de humor, su viaje por la Antártida. Enero y febrero de 2020.

Hola, Cómo están? De vuelta en Rosario después del más increíble viaje de mi vida. El viaje al séptimo continente. Desde ya que esto es una versión abreviada del mismo. Mis impresiones. Tomé la decisión de ir porque necesitaba ver claro que hacer con mi vida en los próximos 5 u 8 años. Fijar objetivos que me atrajeran y cómo hacerlo. Y algún plan alternativo Y entonces me planteé. “O hago un retiro espiritual o un viaje que me confronte con un límite, lo desconocido” Y así fue. Junto a tres amigas, decidimos partir a la Antártida en un crucero, un hermoso barco que ofrecía también un marco informativo académico muy serio en sus conferencias y talleres. Un barco con todo lo imaginable. Y un pasaje muy serio en parte, alegre en otro pero básicamente muy respetuoso unos de otros. De variadas etnias y nacionalidades como la gente de la empresa. Excelente en atención y comida, con una sola falla: se hablaba inglés y si no se lo sabía, se perdía mucho contenido de todo lo bueno que ofrecía. El tema era la Antártida, y el itinerario interesante. Bs. Aires, Montevideo, Malvinas, Ushuaia, La Antártida, (incluiré mapa) navegación del estrecho de Magallanes, Cabo de Hornos y entrada al Pací, Punta Arenas, fiordos chilenos, San Antonio, Santiago de Chile (por tierra). Y avión a Bs. Aires. En ese viaje hicimos “extras” increíbles. Navegar en la caldera del volcán de la Isla Decepción, primera vez que un crucero de ese porte lo hacía y en base al excelente clima, se concretó y pienso “Al amor por la aventura del excelente capitán Mac Bain, un canadiense dispuesto a sacar ventaja de todo lo que se podía hacer, pues además hicimos y de nuevo fuimos los primeros en navegar por lugares no visitados del mapa adjunto. En nuestro barco viajaban unos científicos polacos que filmaron un cd de la Antártida, otros, ingleses que hablaban de las expediciones al Sur, y otros que se referían a los primitivos habitantes de Tierra del Fuego, los onas y yaghanes, de las estaciones científicas de la Antártida, de su fauna y flora etc. Esta preparación sin cargo, resultó vital para poder reconocer las variedades de especies de animales y plantas. Vimos así a los divertidos e inquietos pingüinos que en tropel, nos acompañaban y nos deleitaban, nadando, pescando, entrando y saliendo del agua. Y tuvimos varios “shows” con las peso pesadas “las ballenas” que en grupos de 2, 3,5, de uno u otro lado del barco arrojaban agua como fuentes y se sumergían, inmensas, dejando sus inconfundibles colas al descubierto. Y como escenario majestuoso, nuestros Andes ya que es obvio que esas colosales montañas se continúan bajo el agua y emergen colosales también, en la Antártida. Estas cumbres, son blancas como el algodón, pero a veces se la ve rosas, por el guano de los pingüinos que, uno no se explica cómo, trepan a lo más alto y bajan o se desplazan, displicentes, en los bloques de hielo que vemos. Son celestes también, porque bajo la nieve hay mucho hielo. Y verdosas cuando se reflejan en el mar o negras por la noche recortadas contra un cielo cambiante en el que a veces se divisa y al mismo tiempo el sol y la luna, Pues los días son largos y la noche, un suspiro en esas zonas. El aire es a veces helado y parece cortar. Bien abrigados, varias capas de sweaters, gorro, anteojos guantes, echarpe, pantalones gruesos, es soportable y hasta agradable. 

Si bien el viaje fue bendecido por el buen clima, hubo dos circunstancias que sobresalieron por sobre las demás. Una fue la visita a Malvinas y en especial al cementerio de los chicos argentinos que murieron en defensa de ese suelo, que creímos era nuestro y que con la victoria inglesa, pasó a ser de nuevo Falkland. Malvinas es una típica isla británica, de 18 x quince cuadras, dos iglesias, varios monumentos, buenos pavimentos, jardines cuidados- se entiende- qué otra cosa hacer en una isla- azotada por un viento constante y penetrante en donde vale “al mal tiempo, buena cara”...Tiene una población chilena, colombiana atraída por los sueldos que se pagan allí, y los nativos, los de hoy quinta generación de isleños. Nos tratan bien, como nosotros a ellos pero a mi entender, y conversé con varios, no tienen ningún interés e que recobremos las islas. Ellos ganaron mucho con la victoria. Subieron de categoría como súbditos, recibieron otro trato en cuanto a reparación de casas, caminos, comercios, mejoraron las condiciones educativas con incentivos de viaje a Inglaterra, tienen nuevas oportunidades de viajes y de negocios. Y un destacamento de élite y aviones y helicópteros custodiándolos. Están bien así. Pertenecer a nuestro país no les interesa. Están mejor así.

En medio del paseo y tarde ya, decidimos que no ir al cementerio en Malvinas no cabe si se es argentino. Y así comenzando la tarde, en un jeep todo terreno de un chileno que no maneja sobre piedras, sino que vuela para que no perdamos el barco y seamos a la fuerza “locals”, ya que el barco está estacionado en el mar y nos han trasladado las lanchas a l puerto, recomendado puntualidad pues a cierta hora, parte el barco, con o sin nosotras. Y ahí, por un camino de piedras, rosario en mano para no pinchar una goma, desafiando al tiempo, lluvioso en ese momento. Hacemos los casi 110 kilómetros por un camino solitario que ni siquiera cruza un cuiz. Y llegamos. Y ahí, el corazón se achica. El viento aúlla, los pastos están inclinados y un cuadrado con una cerca metálica en lo alto de la nada misma, está ese cementerio de blancas cruces, bajo la mirada atenta de la Virgen de Luján

Las cruces tienen rosarios, fotos, flores de plástico. No hay nada más que la inscripción con los datos, faltan siete por recuperar nos indican, de esos jovencitos que murieron ahí . Y siguen ahí lejos de todo, del poblado, de sus seres queridos y de sus provincias. Y un nudo se nos hace en la garganta y sin decir palabra, nos ponemos a llorar. Por ellos, por sus familias, por nosotros, por nuestro país. Y rezamos. Y José Luis, el chileno, interrumpe. No llegamos si no nos vamos ya, ia. Bueno. Bueno, en silencio, sin palabra regresamos a los tumbos y a las piedras que golpean los neumáticos y en nuestro interior prometemos muchas cosas. –con tal de no pinchar una goma, de volver al barco porque no queremos estar ahí un minuto m{as. Y nos despedimos de José Luis, que nos entiende, que es ahora un hermano y nos cuenta su vida, la real. Y se emociona también. Llegamos con el tiempo justo. Lo abrazamos a este aviador más que conductor, intercambiamos mails y a saltar a la lancha, la última. . Y al barco madre y a dormir. Sin cenar, que no es poco. 

La otra experiencia fue la Antártida en sí. ”Qué vas a ver ahí”? alguien me comentó.” Hielo, más hielo, en movimiento y quieto” siguió .Lejos de eso, es un inmenso, majestuoso continente en constante cambio, con apariencia de eternidad. Incomprensible. El mar, puede ser verde, azulado, blanco, todo cubierto de bloques y trozos de hielo, oscurísimo como la noche aquí. También puede ser misterioso, atemorizante, terrible, amistoso, furioso con olas muy grandes, o una calma chicha.
Igual las montañas. Inmensas, cubiertas de nieve o con nieve cual mechas de una cabellera, con cascadas, con glaciares que penetran en el mar y hacen piletas azuladas, con playas extensas o diminutas en las que se divisan focas, lobos marinos, pingüinos por todos lados, y pájaros en bandadas, los que se llaman pájaros de la nieve, porque son casi todos, blanco total. Y para reforzar esa imagen de movimiento, los grandes icebergs, y que pueden tener 2 kms. de largo los que más cerca están y en los que, cuando no, se avista algún pingüino aventurero en lo más alto y otros puntitos negros, los demás, por todos lados. Junto a algunos icebergs, nuestro barco es menos que una cáscara de nuez. Cuan mentirosas son las medidas. Solo por comparación podemos intentar situarnos. Aquí es el mundo ”extra large”. Y nosotros aquí, qué hacemos? Alguien ha calculado que en un mundo de 7.000.000.000, solo el 1.0 visita la Antártida. Se imaginan el privilegio que esto significa? Como también el orgullo que sentimos cuando vemos las bases de otros países y vemos surgir las nuestras, pequeñas, básicas, con todo el techo cubierto con la bandera celeste y blanca y algún vehículo en movimiento. Nos enteramos que desde 1947 tenemos una base científica permanente y que es la primera que se instaló en ese carácter y las recordamos a todas. Y nos enteramos que el año pasado en una base argentina, nació el primer niño del ártico. Y que sus padres, son argentinos Otro orgullo.

Tras esta visita, siento que este séptimo continente debe ser protegido como patrimonio de la humanidad por todos los países y con un compromiso mundial. Hay muchos intereses alrededor de la Antártida. Nosotros contamos con zonas específicas pero cerca de otros21 países aspiran a tenerlas. Sabremos defenderla? Por lo pronto, deberíamos contar con disposiciones específicas para las visitas de cruceros y barcos no pesqueros o no, sino también científicos, privados o nacionales. No se puede hacer peligrar este continente blanco ni su fauna ni su flora, ni sus montañas, ni su tierra, ni el agua pura; hay que mantenerlo vivo. Es un santuario, un Arca de Noé, que todos debemos cuidar 

Es una larga carta. Y quedó tanto afuera. No hablé del estrecho de Magallanes, de Drake, del Cabo de Hornos, Charlotte Bay, los glaciares etc. Continuaré en otras cartas con datos de exploradores y libros para leer. Tenemos una gran huella en todo esto. Hay que conocerla. Y enorgullecernos de quienes fuimos, hicimos y somos y hacemos. Voy a preparar una charla sobre la Antártida, con el video que realizaron unas expertas polacas sobre la Antártida y nuestro propio material. Lo haré en español e inglés - Espero les haya interesado y compartan conmigo sus comentarios y opiniones. Como psicóloga respeto al ser humano y creo en la ecología. Voy a colaborar en la defensa de la Antártida y su ecosistema.

El conocimiento es poder. Usémoslo.

Cordialmente, Cristina J. Goytia

¿Quiere colaborar con la Fundación?

0341 449 8353
MÁS INFORMACIÓN