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Actividades » Cine

Hipócrates

Benjamin es un joven médico residente que hace las prácticas en un hospital parisino que dirige su padre.

Aún bisoño en la práctica médica diaria, encuentra una especie de protector en Abdel, un médico argelino con bastante más experiencia, pero que se ve obligado a pasar una temporada como residente para que sea reconocida su titulación. El día a día sirve para mostrar las limitaciones con las que los profesionales pueden trabajar a veces, y su acostumbramiento a una situación que puede lugar a errores, donde es fácil que se encubran unos a otros, si es que no estallan las rencillas entre distintos departamentos, que se intentan lavar en casa.

Interesante film de Thomas Lilti, con formación médica, lo que se nota en el realismo con que se pinta el quehacer cotidiano en un hospital público, con la relación entre los colegas, o entre personal sanitario y pacientes; sin embargo ha generado cierta polémica en Francia, muchos profesonales han señalado que la sanidad en su país no se asemeja a lo que consideran una imagen tercermundista y poco profesional. En cualquier caso, la cinta está lejos de planteamientos como la serie House, citada explicitamente, pues los médicos parecen conocerse al dedillo los casos que afronta el ácido médico televisivo, sobre el que ironizan.

Hay un esfuerzo por presentar la normalidad, mostrando el contraste entre un novato, Benjamin, y un veterano, Abdel, verdaderamente Vincent Lacoste y Reda Kateb hacen un buen buen trabajo, con una relación casi de hijo y padre, ya que Benjamin no encuentra demasiada ayuda en su auténtico progenitor; de modo que se hace hincapié sobre todo en el sentido de responsabilidad, que lleva a ver personas en los pacientes, y en la toma de decisiones aceptando sus posibles consecuencias. Y se trata de dar una "foto" completa en cuestiones peliagudas, como en la falta de medios que a veces afronta el sistema sanitario público, y la posible dejadez de los profesionales que por no complicarse la vida pueden no pedir otra máquina necesaria para hacer un electrocardiograma.

Como ese dibujo de la simple normalidad podría resultar a la postre poco cinematográfico, el film incide dramáticamente en un caso de una paciente octogenaria con un cáncer con múltiples metástasis, planteando cuestiones como el encarnizamiento terapéutico y la opción de no reanimar a quien está en fase terminal. En tal sentido asegura Lilti que su film no aborda la eutanasia –"una cuestión muy compleja, para la que no tengo respuesta"–, sino el ejercicio de una medicina humana, incluidos los cuidados paliativos. En cualquier caso la cuestión queda apuntada, y sin duda invita a reflexionar sobre la mejor praxis de la medicina, en la más pura tradición hipocrática de volcarse en el paciente, a la que alude el título de la película.

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