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Actividades » Viajando

Conociendo Roma

El Dr. Roberto Tozzini nos relata su viaje por Roma y las obras que en esa ciudad se encuentran

Luego de Florencia, con el auto vamos rumbo al sur. En nuestro primer viaje de 1960 aún no había autopistas; con la ruta de dos manos, circulamos por valles, remontamos colinas, vimos los campos florecidos con un manto de amapolas silvestres y sentimos en el aire matutino el aliento tibio de la primavera. El mayo italiano luce cielos celestes y transparentes. Al descender de un monte, vemos el perfil de una ciudad que nos atrae con su señorío. Salimos del camino para conocerla; es Siena, de larga historia, con bellos edificios y una  plaza central donde dos veces al año, se disputa una tradicional carrera. Es una carrera de caballos, conocida como del Palio por los estandartes que flamean al viento en plena competencia y que representan en sus colores y dibujos a distintas familias o a los viejos clanes de la ciudad. Frente a la plaza, se luce una deslumbrante Catedral, con su clásico rayado verde blanco de mármol que en su vistoso interior sirve de mausoleo a los hombres ilustres del lugar, que yacen bajo su pavimento. Este edificio muestra en su fachada una combinación de esculturas, pilares y elementos decorativos de estilo gótico y románico. Su construcción corresponde a los siglos XIII y XIV. En su amplio interior, se destaca su piso de mármol trabajado y en el techo, las cabezas de piedras de numerosos Papas. En la capilla Piccolomini (futuro Pio III) se ven esculturas del joven Miguel Ángel y en el ambiente lateral o Librería, un conjunto de frescos de Pinturicchio. Como un vigía agregado, se levanta a su vera el Campanile o Torre del Mangia de 503 peldaños y 102 m de altura.

Desde la cima de este campanario, al que desde luego subí, se puede gozar, con la visión completa de la ciudad y la campiña que la rodeaba. Un descanso reparador en lo nutritivo y ahora sí, continuamos el trayecto con el propósito de hacer noche en Roma.

Con relativa facilidad, luego de un día de viaje, en medio de las sombras y acompañados por un enjambre de Vespas (la motoneta italiana), ingresamos a Roma por primera vez (volveríamos 11 veces). Buscamos un hotel ya que no teníamos reserva y una vez hallado, postergamos la visita a la ciudad para la mañana siguiente. Estamos en la capital del viejo Imperio que duró casi 2000 años, la mayor duración que registra la historia respecto a la hegemonía de una civilización sobre buena parte del mundo y ahora nuevamente, es la capital de la joven República de Italia. Ello justifica la expresión de “Roma, la eterna”.

En una agradable mañana de mayo, comienzan nuestras salidas de reconocimiento. No planeamos visitar demasiados museos, sino recorrer la ciudad, ya que es un museo en sí misma. La mejor expresión de este aserto, es el Foro Romano, amplia extensión sembrada de ruinas. Allí estuvo el núcleo del poder, el corazón del Imperio, con sus templos, palacios y grandes monumentos hasta que la enajenación de un gobernante erigido en Dios, procedió, según la transmisión popular, a destruirlos en un incendio colosal, quizás como un intento de purificación ante sus locuras (Nerón había sido el verdugo de San Pedro y de miles de cristianos), quizás por la búsqueda de la inmortalidad a cualquier precio. Aún en la actualidad, se continúan desenterrando enormes recintos llenos de rocas, que constituían en su momento, las grandiosas dependencias del palacio del déspota. Más adelante describo en algún detalles estas venerables y entremezcladas ruinas.

El recorrido continuó por otra construcción de aquella época turbulenta, mucho mejor conservada: el Coliseo, monstruoso circo donde los hombres, falanges de guerreros esclavos o gladiadores, luchaban entre sí hasta la muerte (el saludo al César antes de la batalla era: “Ave Cesar, moritorum te salutam”) y los cristianos terminaban devorados por las fieras. En ese anillo gigantesco, el populacho se enardecía sobre las gradas haciendo coro al Emperador de turno. Hoy están vacías y rotas, los gritos callaron para siempre, pero como en un murmullo siniestro, me pareció percibir los llantos y el horror de los que murieron en la fiesta. Sangre que empapó esa arena, 2000 años atrás buscando una justicia, que al menos, no fue de este mundo.

Camino a Piazza España (2000)

Vista exterior del Coliseo (2013)

Subsuelo del Coliseo (2013)

Balanceando ese pasado dramático y obscuro de la historia romana, nuestra próxima visita fue al trono de Pedro, a la ciudad dentro de la ciudad, al Vaticano.

Basilica de San Pedro, Vaticano (1960)

Fuente de la Plaza San Pedro (1960)

Plaza San Pedro, Ciudad de Vaticano (1960)

En el diseño y construcción de la plaza y la Catedral, centro del mundo Cristiano, artistas inigualables prestaron su decidido concurso en etapas muy distintas de su ejecución: Juan Lorenzo Bernini y Miguel Ángel Buonarotti, Carlos Maderno y Bramante. El ingreso a esta pequeña Ciudad - Estado del Vaticano, tiene lugar por una amplia y recta avenida que luego de unas pocas cuadras de desarrollo, conecta con una plaza rectangular, conocida como piazza Retta con las estatuas de los apóstoles Pedro y Pablo. Luego se accede a la colosal plaza de San Pedro, un gran elipse transversal con un ancho de 340 metros y una extensión anteroposterior de 240 metros, rodeada por dos magníficas galerías semicirculares de 284 columnas dóricas, diseñada por Bernini que asemejan dos brazos extendidos para recibir a los peregrinos. Los techos de las galerías están poblados con estatuas de santos, adecuadamente ubicados para dar una magnífica visión de conjunto. El centro de la Plaza está ocupado por un obelisco egipcio, traído por Calígula en el año 39 y trasladado a la plaza en el 1586 por orden del Papa Sixto V. Y en ambos lados del mismo, sobre el eje mayor de la elipse, se levantan dos gráciles “fontanas” cuyos chorros de agua salpican a los peregrinos cuando ráfagas de viento se arremolinan en el espacio abierto.

Plaza de San Pedro (2000)

Plaza y Basílica de San Pedro (2013)

Catedral de San Pedro (2000)

Finalmente, al fondo de la plaza, la gran construcción, la imponente la basílica de San Pedro

La fachada actual, obra de Maderno, está coronada por las figuras de Cristo rodeado de sus apóstoles. El gran pórtico tiene 5 entradas, la Puerta Santa, en el extremo derecho, que se abre cada 25 años y a la que pudimos acceder en nuestro viaje del año 2000, las centrales que fueron conservadas de la iglesia original y fundidas para conmemorar el Concilio de Florencia del año 1439, y las restantes elaboradas en bronce nuevo. En cuanto a la estructura general de la Basílica, sufrió tantas modificaciones que se vuelve imposible reconocer la idea original de Bramante. Según la tradición, la primera construcción surgió en los años iniciales del cristianismo, luego de la crucifixión de San Pedro en los jardines Imperiales de la colina Vaticana. Después de su muerte, San Pedro es enterrado en un cementerio, y sobre su tumba, se erige el altar mayor de la nueva iglesia. Desde esa construcción original se realizan sucesivos arreglos hasta que en el siglo XV, Nicolás IV decidió la edificación de una catedral completamente nueva. Allí surge el diseño en cruz griega, luego latina y la gran cúpula que se modifica varias veces. Pero el genio de Miguel Ángel, llamado por el Papa Julio II, es quien define la imponente cúpula que hoy día admiramos y que finalmente en conjunto, se inauguró en el 1626. El interior es imponente aunque no inspira al recogimiento sino al asombro. San Pedro es la iglesia más grande de la Cristiandad, con una nave principal que tiene 186 metros de largo y 46 metros en el crucero, con una capacidad teórica de 60.000 personas. En cambio, no es la más alta ya que carece de torre, pero su espaciosa cúpula supera holgadamente los 100 metros por sobre el suelo. En la primera Capilla de la nave lateral derecha, puede observarse una obra exquisita de Miguel Ángel, una dulcísima “Pietá”, con una joven Virgen que sostiene en su regazo el cuerpo yacente de Jesús. Obra temprana del gran escultor, es la única “Pietá” que lleva su firma y sin duda la más famosa.

La Pietá, San Pedro (2013)

En el 60, pude observarla con detenimiento y tocarla; años después un grueso vidrio la protegería a consecuencia del atentado sufrido a martillazos por un desequilibrado que alcanzó a dañarla. Al final de la nave lateral derecha, junto a la última columna, se encuentra una estatua de San Pedro, cuyo pié derecho ha sido acariciado por millones de fieles y el bronce muestra su desgaste. En la nave lateral izquierda, se alinean una serie de tumbas papales y ya cerca de la entrada, enfrente de la mencionada Piedad, se aprecia un bello monumento erigido por Canova en honor de los Estuardo. Finalmente, en el centro del crucero, el altar mayor es una exquisita pieza de arte. Este altar, está colocado supuestamente sobre la tumba de Pedro, y es contenido en un monumental baldaquín de bronce dorado de casi 30 metros de altura, realizado por Bernini ante el encargo del Papa Urbano. Consta de cuatro vigorosas columnas espiraladas o salomónicas con adornos de oro, que sostienen una cornisa rematada en cuatro ángeles, uno sobre cada columna y el centro está ocupado por una especie de cúpula coronada por una esfera (el mundo) y por encima, la cruz. Es una estructura magnífica que aporta su cuota propia de desmesura y belleza a los enormes espacios vacíos de este templo propio de gigantes. Sólo es utilizada por los papas para dar misa o en situaciones especiales. Por detrás, en el ábside se aprecia otra extraordinaria estatua de Bernini, “la cátedra de Pedro”, donde el apóstol predica sentado y la silla, una de madera y otra de marfil superpuestas, proviene de los primeros tiempos del cristianismo. Después de su muerte,, en la capilla que sigue a la “Pietá” de Miguel Ángel, descansan los restos de unos de los más grandes Papas contemporáneos, en proceso de canonización: Juan Pablo II. Hoy día el proceso ha concluido y es un santo más en la devoción católica.

Por debajo está la cripta que contiene los sepulcros de la mayoría de los papas.

Y más abajo todavía, en los últimos años, se han abierto al público una maravilla arqueológica que nos remite al pasado del imperio en todo su esplendor. Se denomina “Scavi” o las excavaciones y se llega por los pasillos de la izquierda de la basílica, atravesando varios ambientes, un pequeño cementerio, una importante Arcada y luego allí está la puerta de ingreso a las excavaciones que hoy en día son dos, en realidad, accediéndose a una escalera que pasa por debajo del subsuelo y de la cripta y desciende entre 8 a 10 metros hasta llegar a unas ruinas romanas precristianas, donde se han desbrozado calles y monumentos de esa antigüedad. Describo referencias pues hay que disponer de tickets que se compran con anticipación y al no tenerlos, no nos dejaron entrar.

Fuera de la Iglesia dirigimos nuestros pasos a La Capilla Sistina o Sixtina, luego a las Estancias de Rafaello y finalmente a la Biblioteca del Vaticano.

La Capilla Sistina no tiene parangón en el mundo. Es una obra única con una riqueza pictórica. Expresión de los mejores artistas del Renacimiento, muestra toda la fuerza y colorido propio de esa corriente artística. Tuvimos la suerte de contemplar la “vieja” Capilla en el 60 en un marco de respeto y tranquilidad. Sentados en sus bancos de madera y flexionando el cuello en todas las direcciones posibles para apreciar techo y paredes. Con el correr de los años, su restauración completada al final del siglo, devolvió a las pinturas sus colores, su vivacidad y brillo original, resultando una sinfonía cromática maravillosa. Pero aún con sus colores mortecinos la Sistina de nuestro viaje de bodas nos causó una de las emociones más fuertes producidas por una obra de arte.

El juicio final, Capilla Sixtina (1971)

El juicio final, fresco de la Capilla Sixtina (1971)

La creación del hombre, fresco de la Capilla Sixtina (1960)

La creación del mundo, fresco de la Capilla Sixtina (1960)

La Capilla es un amplio salón rectangular, donde las paredes laterales, el fondo y el techo están recubiertos por frescos extraordinarios. Las paredes laterales contienen trabajos de los más famosos artistas de la época, Perugino, Botichelli, Guirlandaio, Lucas Signorelli y otros. Los paneles de la izquierda, relatan hechos de la vida de Cristo; los de la derecha de la entrada, episodios en la vida de Moisés. Recuerdo por su perfección la pintura de Perugino, donde Jesús entrega a Pedro las llaves de la Iglesia, que está a la izquierda y sobre la pared opuesta, una obra magnífica de Botichelli. Este muestrario excelso bastaría por sí mismo para ser motivo de visita multitudinaria, sin embargo su calidad y belleza quedan opacados por el despliegue sublime que logra Miguel Ángel en su Juicio Final, donde la pared del fondo y el techo parecen insuficientes para contener la fuerza arrolladora de su pintura genial. A pesar que la crítica la ha hecho conocer mundialmente y la ha elogiado tanto, por una vez al menos, al confrontar la realidad, el observador no sale defraudado sino más impresionado de lo que suponía. Sobre el techo, la creación del sol y la luna, la creación de la tierra y también la del hombre, tienen un vigor y realismo extraordinario. Las pinturas no dibujan paisajes, ni recrean ríos ni simbolizan cielos. Es una exaltación exclusiva de la figura humana, sus movimientos forzados, sus emociones expresadas en la mirada o el gesto y en las sombras del rostro. En la pared del fondo, Jesús victorioso juzga a la humanidad, entre las glorias del paraíso y los horrores del averno. Mirando estas pinturas inolvidables, uno tiene la clara sensación de estar frente a una cumbre, un nivel máximo de una forma de arte. Como la novena sinfonía de Beetoven, como el Guernica de Picasso, como un Fausto de Goethe, como las mismas pirámides de Egipto, lo que vemos, en su estilo, no puede ser ya superado. Nuestro deseo es permanecer largo rato contemplando embelesados esas formas vigorosas esos gestos violentos, esas miradas dominantes que surgieron de la paleta de un anciano, con todos los achaques de sus 73 años y en el 1500, pero con un espíritu joven y un arte imperecedero. Lamentablemente, desde los 70, la muchedumbre no permite la contemplación ya que el desfilar de turistas por la Capilla, no se detiene nunca; en el 60 había ya mucha gente, pero sentarse y meditar sobre esas increíbles figuras, aún era posible. En las visitas posteriores la marea humana se fue incrementando hasta constituirse hoy en torrente imparable y verdadero problema para quien desea ensanchar su espíritu con tal palpitante belleza. La congestión de visitantes puede reducir casi a fastidio, la apreciación de la obra maestra.

Detalle del techo de la galería a la biblioteca del Museo Vaticano (2000)

Salimos por una puerta lateral, pero el asombro no cedió; ahora, atravesando una galería con un techo increíble visitábamos las Estancias de Rafael, otra cima en la pintura renacentista. Estos grandes frescos fueron pintados por Rafael y sus discípulos por encargo del Papa Julio II, que ingresó al Vaticano en 1503. En el departamento de cuatro habitaciones que podía considerar como suyas, este Papa amante del arte, deseó renovar la decoración recibida de su antecesor Alejandro VI, contratando a Rafael, que en ese entonces tenía 23 años, para que plasmara su arte en todas sus paredes. Así nació una de las obras maestras del Renacimiento. Sala I o del incendio de la ciudad, nombre dado por el más popular de los frescos, que muestra el incendio del Borgo, apagado milagrosamente por el Papa León IV, al hacer la señal de la cruz. Los otros frescos muestran la “Coronación de Carlomagno en San Pedro”, “El juramente de León III” y la “Batalla de Ostia”. Ante la muerte prematura del maestro, estas pinturas, que fueron las últimas de la serie, debieron ser completadas por sus discípulos. El techo está pintado por Perugino. Sala II o “della signatura”, porque aquí, el Papa Julio firmaba sus bulas pontificias. Es la sala más famosa y Rafael muestra en ella todo el valor de su pintura serena, luminosa, equilibrada y exquisitamente delicada.

Mosaico del Museo Vaticano (2000)

Escuela de Atenas, Rafaelo

La “Escuela de Atenas” con las figuras centrales de Aristóteles y Platón es simplemente maravillosa. Enfrente luce otro fresco, “la Disputa sobre los Santos Sacramentos” Sobre la pared de la ventana, se ve un Apolo rodeado con sus Musas y una multitud de poetas. En el espacio restante, alegorías de la Templanza, Prudencia y Fortaleza, mientras que en el techo, otra vez, frescos de Perugino. En las salas restantes, se aprecia a “León X expulsando a Atila” y “Expulsión de Heliodoro del Templo”. Completada la observación de estos magníficos frescos, caminamos por la Galería de las Cartas Geográficas, con mapas de todo el mundo antiguo y un techo cóncavo lujosísimamente decorado. Se visita luego el apartamento Borgia con soberbios frescos de Pinturicchio, donde se cree que el lujurioso Papa Borgia asesinó al marido de su hija Lucrecia (¡época terrible la de esos Papas!). El museo Pio Clementino, muestra sus mejores piezas en el Patio Octogonal. Aquí podemos ver el famoso Laocoonte, una magnífica escultura griega del siglo I AC que muestra un sacerdote troyano y sus hijos luchando con una serpiente marina. También está un Apolo y otras grandes esculturas.

Biblioteca del Museo del Vaticano

Fontana di Trevi (2013)

Biblioteca del Vaticano (1960)

Y finalmente recorremos la Biblioteca Apostólica Vaticana, que es también, un lugar de belleza extraordinaria. Hay manuscritos de Lutero, Petraca, Miguel Ángel, además jarrones, retratos y una decoración fastuosa. Así completamos nuestro recorrido por este Estado papal donde el espíritu vibra tanto por la pasión religiosa cuanto por la fuerza de un arte acumulado en sus Palacios como para deslumbrar a cualquiera. Aquí los adjetivos se desgastan y el asombro es una actitud permanente. Simplemente, El Vaticano no puede dejar de visitarse, aún para los no creyentes.

Piazza Barberini (2000)

Al día siguiente nos dirigimos a pasear por una de las arterias más famosas de la city, Vía Véneto. Estacionamos el 600, cerca de la piaza Barberini. Allí disfrutamos de una fontana, fantasía barroca de Bernini, compuesta por una estatua de Neptuno, el dios marino, que sopla agua por una caracola, rodeado por cuatro delfines; es la fuente del del Tritone y en una de las esquinas, otra mucho más pequeña y delicada, la fuente “delle Api” (las abejas), con las 3 abejas como emblema de esta distinguida familia.

Entrada a Via Veneto por Porta Pinciana (2000)

Caminando, subimos la pequeña y curvilínea cuesta que nos acerca a los grandes hoteles, a los negocios y boutiques de las marcas internacionales más conocidas. Pasamos la embajada de los Estados Unidos, que ocupa un gran palacio y luego frente a los citados hoteles de lujo, para detenemos finalmente, a saborear un café, en mesas cubiertas de la vereda, mientras observamos desfilar a los turistas con sus atuendos estrafalarios y sus máquinas de fotos y a los romanos, que muy bien vestidos y con paso rápido se dirigen a sus respectivas obligaciones. Unas cuadras más arriba y llegamos a un sector que conserva parte de los viejos muros que rodeaban a la ciudad. Hay allí una arcada, “la puerta Pinciana” que marca el fin de la calle y el comienzo de la Roma “extra muros” con la presencia de un tranquilo parque, cubierto de pinos, llamado Villa Borghese.

Pinus pinea, Roma (1960)

Los pinos romanos muestran sus troncos desnudos para desarrollar sus ramas radiadas cerca del extremo superior, como verdes sombrillas gigantescas que nos protegen del sol. En los bancos, vemos parejas que se besan sin pudor, lo que para nosotros, en esos años 60, era atrevido y desusado. En una de los costados de este extenso espacio verde, divisamos un elegante Palacio, de paredes rosadas y estilo renacentista; es la Galería Borghese, uno de los museos de artes plásticas, más conocidos de Roma.

Museo-Palacio de Villa Borghese (2000)

David, Bernini (1960)

David, escultura de Bernini (1960)

El rapto de Proserpina, Bernini (1960)

Josefina Napoleón (Canova), Villa Borguese (1960)

En el interior se exponen pinturas y esculturas excepcionales. Dentro de estas últimas, recuerdo magníficos trabajos de Bernini, cuyas estatuas barrocas parecen cobrar vida y ser humanas en realidad. Puedo mencionar un magnífico David que marca un gran contraste con el otro David, la monumental, clásica e imponente escultura de Miguel Ángel, un Rapto de Proserpina, y quizás su obra maestra, “Apolo y Dafne”. Como el Cardenal Scipione Borghese fue el gran mecenas de Bernini, en ésta su Villa de verano, se concentran las principales obras de este escultor que sembró con sus maravillosas fuentes, las calles y plazas de la ciudad. Pero una de las esculturas más apreciada del museo, de un realismo y perfección única, que ha perdurado en mi memoria, es obra de Canova: una joven recostada sensualmente en un sofá, con su mano izquierda sosteniendo una manzana y su brazo derecho apoyando su cabeza magnífica, es Paulina Borghese, hermana de Napoleón, que parece sonreírnos desde su placidez de mármol. No sólo la escultura emana cierta provocación sexual en su actitud: pechos desnudos, cadera a medio cubrir con transparentes velos y un aire de altiva espera, sino que el autor supo trasmitir a su obra el verdadero espíritu de Paulina, de vistosísimas joyas, larga lista de amantes y un enjambre de sirvientes que la colmaban de atenciones, entre ellos un famoso esclavo negro que la secaba después del baño. En salas vecinas se presentan otras esculturas menores, salvo una pequeña pieza del inmortal Fidias: “Atenas Parthenos”.

En el piso superior, se encuentran las principales colecciones de pinturas. Se aprecia un bello lienzo de Rafael, “el descendimiento”, magníficas pinturas de Caravaggio como “el Baco borracho” y el “chico con cestas de frutas” y otras obras maestras de este exquisito pintor. En otras salas, se exponen cuadros de Rubens, Tiziano, Veronese y algunas obras impresionistas de Cesanne y Renoir.

Quizás es éste museo el ideal para el visitante, ya que las obras expuestas son de calidad superlativa, pero no abruman por su número, ni sus salas son interminables. Uno sale muy satisfecho y sin el agotamiento de los Ufficci, o más tarde del Louvre, el Prado, el Hermitage o los grandes Museos de New York o Londres. En mis primeras visitas, uno pagaba su entrada y lo recorría libremente. Desde hace unos años, se debe reservar día y hora de una recorrida que será bajo la información y control de un/ una guía, exclusivamente. En la vecindad sobre la calle de las bellas artes se alza un agradable palacio o villa Giulia que contiene la más importante exposición de arte etrusco italiano. Imperdible para los entusiastas de este arte básicamente funerario (la mayoría de los artefactos provienen de tumbas).

058 - Cartel Sant Angelo (2013)

Puente hacia el Cartel SantAngelo (2013)

La visita continúa ahora por un legado artístico y arquitectónico que se repite en numerosos puntos de Roma: sus Castillos y Palacios. Visitamos primero un símbolo de la ciudad medieval; el Castel o Castillo Santángelo. Mausoleo de Adriano, fortaleza y tumba de papas en tiempos sucesivos, este castillo está enclavado en medio del río Tiber, llegándose por un puente que hay que cruzar sobre la lámina de un río casi muribundo. Su perfil es circular y con temeroso sigilo, caminamos por sus tortuosos pasillos, sus escaleras en caracol, sus celdas y obscuras mazmorras que contrastan con las amplias estancias de los príncipes que lo habitaron. Subidos a la torre, la vista de Roma es magnífica y por la otra orilla del Tiber, se aprecia el Vaticano y la enorme cúpula de San Pedro.

Un palacio de muy distinguida presencia es el Barberini, expresión del estilo barroco romano. De una decoración exuberante, en su interior se expone una interesante colección pictórica, con obras de los grandes artistas renacentistas de Italia, Perugino (el maestro de Rafael), Fra Angélico, Caravaggio, etc., pero el cuadro que más nos impresionó y que ya mencioné al referirme a los cuadros del Pitti en Florencia, es la “Fornarina” de Rafael que retrata a una bonita joven de bellos ojos y muy dulce sonrisa, que según la historia menor, fue la modelo y amante del gran pintor florentino. La bella construcción linda con la conocida Piazza Barberini, centrada por la hermosísima “fontana del Tritone”, que ya describí una de las más imaginativas de Bernini que deja un poco de lado, la también mencionada y muy bella, de pequeñas dimensiones, la “fontana delle Api” o de las abejas.

El palacio Doria Pamphili, es un enorme edificio con más de 1000 habitaciones, escaleras monumentales, galerías y salones de impresionantes dimensiones, con techos, paredes y aberturas exquisitamente decoradas. Es uno de los palacios más grandes de Roma. Alberga como los demás, una importante colección de esculturas y pinturas famosas. Como portada de ingreso y sobre la plaza Navona se encuentra una de las “fontanas” más espléndidas de Bernini, que es conocida como la fuente “de los cuatro ríos”. Esta piazza Navona es en la actualidad, uno de los lugares más vibrantes y visitados de la ciudad. Junto a numerosos bares y restaurantes se aprecia una exaltación del barroco, con la iglesia San´Agnese in Agone, el Doria Pamphili y las dos magníficas FUENTES de Bernini: la de los cuatro Ríos y la del Moro.

Santa Agnese in Agone - Plaza Navona (2013)

Cúpula de la Iglesia Santa Agnese in Agone, en Piazza Navona (2013)

La fontana dei Quattro Fiumi, ocupa el centro de la plaza y es, quizás, la más importante que salió del taller del gran escultor. Los cuatro ríos del “paraíso” son el Nilo, el Ganges, el Danubio y el de la Plata. Y están representados por colosales figuras que descansan sobre un peñasco de mármol travertino como el león, el caballo y grandes esculturas humanas. Coronando el conjunto, se levanta un obelisco egipcio, con una palona en su extremo superior, símbolo de la familia Pamphili de dónde provino el Papa que encargó la Fuente (Inocencio X).

Fontana de 4 rios de Bernini - Piazza Navona (2013)

Piazza Navona (2013)

Balcón de un Restaurante - Piazza Navona (2013)

Detalle de fuente en Piazza Navona (2013)

La otra fuente, ubicada en el extremo sur de la plaza, más pequeña y menos ostentosa, se la conoce como “del Moro”, por su figura central, luchando con un delfín.

Fontana del Moro - Piazza Navona (2013)

En la plaza Borghese, se levanta el palacio de igual nombre, con una fachada irregular y las habituales grandes dimensiones. Desde 1500 a la actualidad, ha pertenecido a la familia Borghese, uno de los cuales, Camilo, fue el Papa Pablo V y Escipión fue quien reunió una extraordinaria colección de objetos artísticos, esculturas y cuadros que hoy se exponen en la Galería Borghese, ya descripta. También aquí vivió la famosa hermana de Napoleón, Paulina Borghese, conocida por su belleza e infidelidades e inmortalizada en la mencionada obra maestra de Canova.

La Galería Colonna constituye la pequeña parte abierta al público del grandioso Palacio Colonna, sede de una de las familias más ricas y tradicionales de Roma. El palacio fue construido entre el 1400 y el 1700 y entre sus bellas estancias se destaca el salón Dorado en cuyo techo brilla un exuberante fresco sobre la batalla de Lepanto. La galería privada, contiene obras de Rubens, Van Dick, Tintoretto, Veronese, Poussin y Bronzino. 

Scalinata di Trinitá dei Monti - Plaza de España (2000)

Trinitá dei Monti (2013)

Y dentro de los grandes palacios, nos resta mencionar el del Quirinale, que en la actualidad es sede del Gobierno Italiano y el Farnesio, ocupado por la embajada de Francia.

Monumento En Plaza Del Quirinale (2018)

Plaza Del Quirinale y Palacio presidencial - Roma (2018)

Antes de describir uno de los legados más importantes de la Roma cristiana, como son sus incontables y extraordinarias Iglesias, referiré algunos lugares que siempre visito con particular cariño. Primero de todos es sin duda la agradable plaza España y sus alrededores. Muchas cosas se conjugan para hacer de este lugar uno de los preferidos en nuestras reiteradas visitas a Roma. Primero está la iglesia, “Trinitá dei Monti, con una bonita fachada y perfil característico, obra de Carlos Maderno, arquitecto responsable, como ya lo vimos, del frente monumental de San Pedro.

Plaza de España Fontana della Barcaccia de Bernini (2013)

Via Contotti (2000)

Orquesta En Escalinata De Plaza España (2018)

Luego viene la impresionante y señorial escalinata, que baja desde la Iglesia, hasta la plaza España, con un descanso balcón en su parte media, desde donde puede observarse todo el movimiento comercial y turístico de este concurrido distrito. Sus escalones han sido y son testigos de muchos actos sociales; fotos de casamientos, desfiles y filmaciones con modelos, músicos y grupos de jóvenes que gastan su ocio en el lugar. El elegante diseño de la escalinata y su grandiosidad, con la figura de la Iglesia recostada contra el cielo, confiere al conjunto, un perfil muy particular que tanto atrae a romanos y extranjeros. A su pie encontramos una fuente un tanto extraña, también de Bernini, llamada de la “Barcaccia” por la forma de un bote semi hundido, de proa y popa exquisitamente trabajado. Aquí como en las mil fuentes que engalanan las esquinas y plazas romanas, se pone en evidencia el permanente romance de esta civilización con el agua. Adonde los romanos llevaron su civilización, se acompañaron de obras extraordinarias de ingeniería, como extensos acueductos, para llevar el agua a sus viviendas, a sus baños públicos, a sus juegos de agua como en Villa D´Este y a sus famosas “fontanas”. Este elemento ha sido infaltable en toda su evolución histórica. 

Retornando a “piazza” España, recordemos su entorno elegante. Toda esta zona es básicamente peatonal y salvo horas específicas, solo transeúntes y coches de caballo pueden circular por la plaza, rodeada de edificios tradicionales que ocupan embajadas, oficinas, comercios y boutiques. También se encuentran restaurantes para consumo turístico, como la Rampa, situado por debajo de la escalinata, donde hemos cenado algunas veces. De la plaza arranca la via Condotti y la Frattina, calles comerciales con los principales negocios de marcas como Bulgari, Gucci, Valentino y muchas otras firmas de fama internacional. No recuerdo cuales existían en aquel viaje del 60 y las que se asentaron después. 

Fontana Di Trevi (2018)

En la vecindad se encuentran cafés tradicionales legados del pasado bohemio de la zona, tales como el Café Greco (vía Condotti) muy agradable y bien decorado, que funciona desde el siglo XVIII y donde empleamos alguna hora de nuestro ocio y el Babington´s Tea Room para el nutrido turismo inglés. A pocas cuadras del lugar, otra conocidísima fuente atrae a visitantes y lugareños, es “la fontana de Trevi”. Es ésta una de las fuentes más espectaculares de Roma y su existencia ha pasado a ser de conocimiento universal gracias a dos importantes películas, una italiana, verdadero clásico de Fellini, “La dolce vita” en que Anita Ekberg asediada por Marcelo Mastroiani, se sumerge con toda sensualidad, en el agua de la fuente. La segunda, una romántica película de Holywood “vacaciones en Roma” en que la protagonista arroja tres monedas al agua con la esperanza de asegurarse el regreso a la ciudad eterna. La decoración de esta fuente es impactante; grandes esculturas se apoyan en la medianera del palacio vecino constituyendo una especie de fachada principesca en el ala este de la Casa Poli. La figura de Neptuno domina la obra y se yergue sobre los tritones en ambos lados. El de la izquierda que trata de sofrenar el caballo que representa el mar embravecido y el de la derecha que sopla una caracola, alegoría del mar en calma. Otras estatuas y columnas completan el escenario a partir del cual se desarrolla la fuente, de considerable extensión. Aparentemente fue un proyecto de Bernini o de Cortona y se realizó alrededor del siglo XVII. El conjunto es muy agradable y al anochecer, cuando la fuente se ilumina, resulta simplemente fascinante. En el 2018, la vimos luego de su última restauración, más blanca que nunca y tan bella como siempre, pero rodeada de un público compacto que impedía el paso.

Fontana di Trevi (2013)

Fontana di Trevi (2013)

El Panteón (2000)

Caminamos ahora por callecitas que se entrecruzan entre restaurantes y viejas casonas cuando damos con otra plaza donde se presenta una construcción formidable, de estilo griego clásico, con su frontón triangular y sus 8 enormes columnas en el ingreso; se trata del Panteón.

Carruaje frente al Panteón (2019)

Interior del Panteón (2000)

Panteón De Agripa (2018)

Es el monumento más grande y mejor conservado de la antigüedad romana. Fue restaurado por el Emperador Adriano entre los años 119 y 128 sobre un templo anterior, del que se conserva la dedicatoria en bronce del César de ese entonces, Marco Agripa. El diseño, obra del propio Adriano, es la simplicidad misma ya que luego del ingreso rectangular, se desarrolla una amplia cúpula romana que apoya en una base circular, remedando un templo griego. El diámetro de la base y la altura de la cúpula, según la tradición de armonía griega, tienen iguales medidas: 43 metros. La única luz natural, penetra por el punto más alto del templo, que presenta una abertura circular de nueve metros de diámetro por donde al mediodía entra el sol generando un bello haz de luz sobre el mármol del piso, como pudimos observar, pero también entra el agua cuando llueve, con el deterioro consecuente. Incluso se han producido inundaciones importantes del lugar, suscitado polémicas respecto a un cerramiento de ese ojo en el cielo, pero en los últimos 20 siglos, no se han puesto de acuerdo por lo que el “ojo” se mantiene abierto.

Tumba de Vittorio Emanuele, Panteón (2013)

Cúpula abierta del Pateón (2013)

La grandiosidad del interior no tiene paralelo en otra construcción del mundo antiguo y hasta 1960, fue la cúpula autoestable, más grande del mundo. Su luz de 43 metros, es mayor que la de San Pedro, constituyendo un logro máximo de la arquitectura romana. El equilibrio de sus medidas, como se dijo, son perfectas. Y las paredes de sostén miden la mitad de dicha altura. Es decir, que si la semiesfera de la cúpula se completara, entraría perfectamente dentro de la construcción.

El Templo estuvo dedicado a dioses del Olimpo, luego pasó a manos católicas y en el año 609 el Papa Bonifacio IV, lo consagró como Iglesia. El Panteón fue rebautizado entonces como la iglesia Santa María de los Mártires y el 1º de Noviembre de ese año, se trasladaron desde las catacumbas, grandes cantidades de huesos de los mártires de la ciudad. Desde entonces, ese día, se lo rememora entre los católicos, como el de todos los Santos.

Aparte de estas reliquias, en el Templo descansan restos famosos, siendo el mas conocido, la tumba de Rafael, el maravilloso pintor del renacimiento. También están enterrados aquí dos reyes de Italia, Victorio Emanuele I y Humberto Primo. Aunque en la actualidad, no se realizan oficios religiosos, el edificio técnicamente continúa siendo una iglesia católica y por ello la entrada es gratuita.

Luperca, Roma (1960)

En otras de nuestras salidas visitamos uno de los sitios fundacionales de la eterna Roma: la colina Palatina. Esta elevación de 65 metros, vecina a las orillas del Tiber, fue la primera en ser habitada de las 7 colinas tradicionales que incluye la ciudad. Según la leyenda, fue aquí que la loba amamantó a Rómulo y Remo y su origen, muy antiguo antecede al emplazamiento del Foro Romano. Aquí nacieron y habitaron Cicerón, Augusto y Agripa, perdurando ruinas de tales residencias. Hoy día, restos de grandes palacios, como el Domus Flavia de Nerón o la Domus Tiberiana, pueden visitarse en medio de naranjos y cipreses bajo el bello jardín del Farnesio.

Otra de las colinas históricas, más pequeña en el tamaño, pero más importante como centro del antiguo poder, es el Campidoglio o colina Capitalina, donde se encontraba el Capitolio y el templo a Júpiter y donde hacían sus juramentos los Senadores al entrar en ejercicio. El monumento a Victorio Emanuele, de plaza Venecia, ha distorsionado su entorno y lo que resta en la actualidad es la plaza magnífica del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel y rodeada por tres palacios: uno ocupado por el Ayuntamiento Romano y los otros dos, que son los Museos Capitolinos, ricos en antigüedades y estatuas griegas y romanas de los próceres de la ciudad.

Monumento a Víctorio Emmanuele II, Roma (1960)

Dije que un legado insuperable que exhibe la Roma actual, son sus iglesias. Nacidas en la mitad del imperio, la religión cristiana fue cautivando el sentir del pueblo romano y de apoco se infiltró en su clase gobernante, que en su riqueza, hizo erigir templos deslumbrantes. Fuera del Vaticano, decenas y decenas de Iglesias, elevan las torres de sus campanarios y el perfil de sus cúpulas, hacia un cielo absorto en la contemplación de tanta gracia y riqueza. Es que en Roma, estos grandiosos edificios, no son sólo para orar, sino para admirarse. Si se interpreta como el regalo que el hombre debe hacerle a su Dios, no puede haber regalo material más bello ni fastuoso. Uno de sus templos más emblemáticos, es San Juan de Letrán o, en su armoniosa lengua, San Giovanni in Laterano. Es la sede del obispo de Roma con un valor histórico y artístico incomparable. Fue erigida en los terrenos de Plinio Luterano, patricio convertido a la fé cristiana y por ello ejecutado por Nerón. En tiempos de Constantino, se inició la construcción de la primera iglesia y allí recibió su bautismo Carlomagno y se coronaron a muchos papas hasta que la dirección de los seguidores de Cristo se trasladó a San Pedro. En su frente podía leerse la inscripción original: “Madre de todas las Iglesias de esta ciudad y del Mundo”.

Basilica di San Giovanni in Laterano, Congreso eucarístico (2000)

Fachada lateral de otro edificio católico que enfrenta a San Giovanni (2000)

Procesión y fieles que van a la misa en San Giovanni (2000)

En un amplio espacio rodeado de árboles, su fachada se levanta imponente, similar pero de dimensiones mucho más reducidas que las de San Pedro. Grandes columnas sostienen un techo del que asoman los doce apóstoles rodeando a un soberbio Jesús que con su brazo derecho bendice a la humanidad y con el izquierdo sostiene la cruz, símbolo de su martirio. Pero la basílica tiene otros portales y el adyacente al gran palacio diocesano, (de estilo clásico y color mostaza), sede del obispo, es de una gracia y elegancia singular, como una galería de amplias arcadas, dispuestas en dos pisos y coronadas por torres gemelas de terminación piramidal. Enfrentando este ingreso, sobre la plaza San Juan, surge la aguja del mayor y más elevado de los distintos obeliscos egipcios traídos a Roma por los Emperadores. A un costado del cuerpo principal y en un pequeño parque que hoy es playa de estacionamiento, nos encontramos con una antigua construcción octogonal, cuyas paredes de cuidados ladrillos llevan en su cornisa en símbolo Papal, con las llaves del Reino. Este grácil y armonioso edificio es el Batisterio, el primero de la cristiandad y su forma geométrica fue repetida después en toda Italia. En su interior y sobre plataformas circulares de mármol superpuestas se encuentra una elegante bañera de bronce bruñido, para el bautismo de los iniciados en la Fe.

Fachada lateral de San Giovani (2000)

Obelisco egipcio en Piazza San Giovanni (2000)

Batisterio de San Giovani (2000)

Batisterio, Iglesia San Juan de Letrau (2013)

Pilar bautismal del batisterio a San Giovani (2000)


Como en casi todas las iglesias romanas, el espacio dentro de la nave principal, impresiona por su gran magnitud. El techo plano revestido de madera, presenta un trabajo artístico notable con molduras e incrustaciones de bronce y oro.

Techo de la Iglesia San Juan de Letrau (2013)

En el centro del crucero, se levanta el altar mayor, con la forma de una capilla cuadrangular, con sus cuatro frentes plenos de filigranas e imágenes sagradas y su cúpula piramidal se eleva casi hasta el techo. En las capillas laterales se veneran distintos santos que exhiben magníficas esculturas. También se recorre el tranquilo espacio de sus claustros.

Altar mayor - San Juan de Letrán (2013)

Altar de San Giovanni (2000)

Moisés en Iglesia San Juan de Letrán (2013)

Regresando al exterior, vemos a unos doscientos metros, otros sectores bien conservados de la vieja muralla que defendía a la ciudad y un monumento a San Francisco de Asís.

Monumento religioso de San Francisco de Asis frente a la Basílica de San Giovanni (2000)

Pero la Catedral de Roma no es por cierto San Pedro, ni tampoco San Juan. Santa María Maggiore es su iglesia principal. De ubicación más céntrica, la basílica está rodeada por la ciudad y su contemplación carece de la perspectiva de San Juan o de la plaza mayor del Vaticano. Su frente se despliega sobre una plaza seca de dimensiones modestas con una circular fuente central donde el agradable sonido de los surtidores de agua mitiga los ruidos molestos del tránsito local. Su extremo posterior da a una placita arbolada, con su obelisco egipcio central y donde el ambiente es más sereno.

Santa Maria Maggiore (2000)

Santa María Magiore (2000)

Vista posterior de Santa Maria Magiore (2000)

San Giovani, Estatua de Pío X (2000)

La fachada de Santa María impresiona más como un palacio que como iglesia, salvo por su campanario - reloj en torre, que se levanta en su costado izquierdo. El centro está dominado por cinco portales de ingreso, flanqueados por altas columnas. Al medio de su techo, la figura de la Virgen con el Niño en brazos, justifica el nombre Mariano de la Catedral. A los dos lados de este frente soberbio se desarrollan sendos edificios palaciegos, de cuatro plantas, que están integrados en un continium con la fachada. Su interior es de la imponencia sospechada, con espacio para más de 4000 personas sentadas y en su techo brilla el oro traído por Cristóbal Colón de las Américas. La nave central está limitada por una doble fila de columnas de mármol blanco y en el decorado se destacan bellos mosaicos del siglo V con hechos bíblicos y de la infancia de Jesús, y en el ábside, una obra cumbre del arte medieval: imágenes del nuevo testamento, también en mosaicos, pintados por Torriti, un monje franciscano. Sobre su pasillo derecho se aprecia una imagen en mármol arrodillada de papa Pio XI en tamaño natural.

Iglesia de San Pietro en Vincoli (2000)

San Pietro in víncoli (San Pedro encadenado) vale no por su presencia sino por lo que contiene; la escultura máxima del más grande escultor del Renacimiento: El Moisés de Miguel Ángel. Para ver a la famosa estatua cruzamos Roma en busca de la Iglesia. Su presencia es muy modesta: una casona de cinco arcos amplios de ingreso en su planta baja y un primer piso muy simple, sin nada destacable, pintado de amarillo y con cinco ventanitas, una por sobre cada arco. Interior intrascendente, pero allí sobre su margen derecho, está la colosal figura. En un nicho entre vistosas columnas de mármol, con tallas de profetas y de Raquel y Lía (esposas de Jacob), sobresale la vigorosa imagen de Moisés, el hacedor de pueblos, sentado pero tenso, con la sensación de ira contenida, que mira hacia su izquierda, seguramente a su gente, que tantas veces lo había desobedecido, mientras su musculoso brazo derecho se apoya en las tablas de la Ley dictadas por el Ser Superior.

Moisés de Miguel Ángel (2000)

Moisés de Miguel Ángel en San Pietro in Vincoli (2000)

Esta soberbia escultura iba a constituir la pieza central de un extraordinario conjunto arquitectónico de 42 figuras para la tumba del Papa Julio II. Sin embargo sus trabajos en la Capilla Sixtina y más tarde, a la muerte del Papa, la falta de fondos, le impidieron completar su proyecto, del que sólo quedó su magnífico Moisés. Al costado derecho de la Iglesia, se levanta una sencilla Facultad de Arquitectura, en cuyo patio central, se vive una atmosfera de paz, pese al alboroto propio de los alumnos y graduados

Una iglesia que recuerdo con especial simpatía es la de Santa María Sopra Minerva Con una sencilla fachada de color ocre y pequeñas dimensiones, constituye la única iglesia gótica del centro de la ciudad Fue construida en el siglo VIII sobre las ruinas de un templo a Minerva (de allí su nombre), diseñadas por monjes dominicos florentinos que imprimieron su atmosfera particular. Así apreciamos bellos frescos de Filippino Lippi, en la capilla del crucero derecho A la izquierda del altar, se exhibe una estatua de Miguel Ángel, “EL Redentor”. Bajo el altar yacen los restos de Catalina de Siena y a su izquierda la tumba de Fra Angélico, el gran pintor florentino. En la pequeña plaza que la enfrenta, se luce un elefante, obra de Bernini que carga en su lomo una pirámide egipcia. A la derecha, en la casa de la esquina, una placa recuerda que en esos aposentos se alojó en febrero de 1846, el General San Martin.

Callecita del Trastevere - Roma (2018)

Callecita del Trastevere y bares - Roma (2018)

Hotel Yapeyú (dónde se alojó San Martín) (2013)

Basílica de San Pablo Extramuros, Roma (1960)

Basílica De Santa María En Trastevere (2018)

Campanario Santa María en Trastevere (2018)

En ese viaje del 60, también recorrimos otras bellas expresiones de la Fe, con un pasado increíble, como son la iglesia de San Pablo extramuros, donde ocurrió el martirio del Santo y que lamentablemente fue destruida por la invasión de los Sarracenos en el 846 y por el incendio de 1823; Santa María en Trastevere de nuestra última visita, que en su interior contiene obras maestras del arte bizantino; la de los santos Juan y Pablo, de agradable fachada medieval y la de San Marcos, en plaza Venecia, una de las basílicas más antiguas de la ciudad. Santa María en Trastévere, fue la primera iglesia dedicada a María y su construcción se inició en el 222 y reconstruida por el papa Inocencio II y en el siglo XII se agregó el campanario románico. El atractivo principal de la iglesia tanto en la fachado como en su interior, procede de sus bellos mosaicos bizantinos que sobrevivieron a las sucesivas depredaciones que siguió a la decadencia del imperio. En la parte alta de la cúpula se ven mosaicos de factura griega que datarían del 1140 y que muestran a Jesús y la virgen entronizados y acompañados por Pedro y otros santos. En la parte inferior de la cúpula, los mosaicos son de Cavallini, del 1290 relatando escenas de la vida de María. Columnas de las termas de Caracalla, también embellecen esta magnífica iglesia.

Termas de Caracalla, Arcos, Caracalla (1960)

Termas de Caracalla, Roma (1960)

Otra Santa María de mi recuerdo, corresponde a la Iglesia del Popolo que visité en el 2013, para apreciar obras maestras como la Capilla Chigi, decorada totalmente por Rafael y con dos medallones de Bernini mas dos soberbios lienzos de Caravaggio: “La conversión de San Pablo” y “La crucifixión de San Pedro” que considero imperdibles. Y también puede verse sobre el altar mayor de la capilla una valiosa “Asunción de la Virgen” de Carraci, así como frescos de Pinturicchio.

Santa María in Cosmedin mantiene su fama gracias a un rostro de mármol en una piedra o loza que antiguamente fue empleada como tapa de una alcantarilla. El rostro muestra una boca entreabierta y colocada sobre la pared de una sencilla iglesia, dio origen a la leyenda que si uno colocaba su mano en esa boca y mentía, la boca se cerraba y le cortaba los dedos (muchas mujeres acusadas de adulterios fueron llevadas a declarar sobre la boca) La iglesia muestra una fachada medieval flanqueada por un campanario románico y en su momento fue iglesia de la comunidad griega

Muchos otros lugares acuden en tropel a mi recuerdo, porque Roma es inagotable en sus cicatrices, monumentos y edificios que se sucedieron en los más de 2000 años de su historia, reflejando o produciendo buena parte de la historia de Occidente. Numerosas iglesias fueron visitadas en mis viajes sucesivos, pero su descripción fatigaría. Solo menciono el nombre de las que me acuerdo por su importancia o belleza, como la Iglesia Nueva, San Agnese en Agonía (piaza Novona) La iglesia del Gesú con una bella capilla para Ignacio de Loyola, la Santa Crocce San Andrea al Quirinale, una joya barroca y muy vecino, San Carlino de Borromini; San Clemente en la vía de San Giovani in Laterano que encierra buena parte de la historia de la ciudad en niveles superpuestos. Vale la visita. 

Iglesia de la Santa Crocce (2000)

Quedan por describir la famosa columna de Trajano, principal remanente del gran Foro de este Emperador y levantada en el año 113; celebra en magníficos bajo relieves las campañas militares contra los Dacios, superponiendo 18 cilindros de mármol griego tallados con delicadeza infinita en forma espiral ascendente. Contiene, según la información suministrada, 2500 figuras de los participantes en esas guerras, con gran riqueza de detalles y en su origen, se encontraba recubierta con una fina capa de oro y las figuras resaltaban al estar pintadas. Además, en la base de la columna, una urna dorada contenía las cenizas de Trajano y la columna se remataba con una estatua del emperador. La columna de Marco Aurelio de unos 50 metros de altura rememora triunfos militares de este Emperador, Se encuentra en piazza Colonna en la esquina del palacio de Montecitorio (equivalente a la cámara de diputados). Bellas iglesias como la de San Agostino, se levantan en la vecindad. 

Piazza Colonna (2000)

Piazza Colonna, Columna de Marco Aurelio (2000)

El Circo máximo, es apenas un recuerdo del gran pasado Imperial Allí se corrían las famosas carreras de carros y caballos, rodeado por unas vastas graderías que albergaban hasta 300.000 personas Era un gran espacio abierto en forma de óvalo y sobre la arena corrían las cuadrigas, encendiendo el entusiasmo de la multitud . Funcionó desde 326 AC hasta el año 549 DC y hoy día apenas se conservan algunos vestigios de su gloria.

Arco de Constantino (2013)

Los Arcos de Triunfo, fueron edificados al final del siglo dos. El principal que nos legó el pasado, fue el Arco de Constantino, recientemente restaurado, situado originalmente sobre la vía Sacra y que hoy se levanta solitario a un costado del Coliseo. Fue construido en el año 312 para conmemorar la victoria sobre Majencio en la batalla de puente Milvio. Es el de mayor tamaño y uno de los últimos monumentos importantes de la antigua Roma. Bajorrelieves de batallas embellecen todas sus paredes. Más pequeño, el Arco de Séptimo Severo. Conmemora el décimo aniversario de este Emperador sobre el extremo oeste del Foro Romano. Y el de Tito en otro extremo del Foro se levantó en una estribación de colinas del Palatino y al final de la vía Sacra. Fue el más antiguo, conmemorando la victoria Romana sobre Jerusalén, capturada en el año 70 DC. Tito fue hijo del Emperador Vespasiano y hermano de su sucesor, el emperador Domiciano. 

El Domus Aurea de Nerón (se visita sólo los domingos, reservando tickets con mucha anticipación) son ruinas de su colosal residencia en el Foro y otros vestigios de la gran Roma Imperial, como el grandioso Foro Romano, son de recorrido casi obligatorio para el novel visitante. El Foro Romano es una gran extensión de tierra cubierta por venerables ruinas que sólo permiten imaginar su imponencia imperial de antaño (y se requiere mucha imaginación). Fue el centro del Imperio que incluyo a buena parte del mundo conocido por los occidentales, por lo que su importancia histórica es insuperable. Al comienzo, se asentó sobre una zona pantanosa comprendida entre el Palatino y el Capitolio. Allí Rómulo, primer rey de Roma, concluyó la paz con los Sabinos en el año 75 AC. A medida que Roma florecía, fueron apareciendo mercados, templos, basílicas, monumentos y edificios públicos que luego se extendieron a los Foros Imperiales y a los Palacios del Palatino y el Foro de Trajano.. Actualmente, lo que resta a la vista, puede decepcionar.. En esa zona que se construyó, derribó, reconstruyó o simplemente se abandonó edificios y monumentos a lo largo de más de 1000 años queda una mezcla de ruinas que vuelven confuso al conjunto. Podemos encontrar luego del ingreso al templo de Antonio y Faustina de 2 siglos aC y que posteriormente fue convertida en iglesia en el siglo XI, por lo que se mantuvo medianamente bien conservada, Vecina, la basílica Aemilia, son sólo ruinas. Entre estas construcciones circula la vía Sacra, la calle más antigua de Roma y que divide en dos al Foro. Muchos Emperadores la recorrieron en marchas triunfales luego de victorias guerreras. En el espacio siguiente, se encontraba el Comitium, primer centro de Reunión Pública del Foro y escenario de sacrificios, arengas y procesiones. Ahora sólo cabe imaginar tales actividades pues es casi un lugar vacío. La Curia o el Senado es otro edificio relativamente conservado, aunque despojado de su mármol y de su legendaria decoración Se mantiene parte del pavimento y los escalones donde los Senadores se sentaban y sus puertas de bronce, son copia de las originales. Fuera del edificio, dos losas de mármol, muestran relieves del emperador Traiano y población romana.. Bajo el Arco de Septimo Severo que se describió anteriormente se encuentra una precaria pared de ladrillo que en su momento se denominó los Rostra o plataforma del Orador. Allí hablo Marco Antonio, Cicerón y otros grandes del Imperio- Por delante se levanta en soledad una columna corintia, llamada “de la Foca” Lapis Niger: la piedra negra, es una loza de mármol negro adyacente al arco de Septimio Severo y que se supone que se corresponde con la tumba de Rómulo, fundador y primer Rey de Roma. Por debajo se ha encontrado una cámara con cenizas de sacrificios que datarían del siglo VI AC. Por la zona pasamos por el que fue el Templo de Vespaciano y del que persiste sólo tres columnas corintias. Quedan por mencionar, el gran Templo de Saturno del que vemos en pie, ocho columnas de granito rojo. Este Dios era de origen etrusco pero fue adoptado por los romanos como dios de la agricultura y allí se guardaron enormes reservas del reino en oro y plata. También sólo tres columnas persistieron de otro gran Templo, el de Castore e Polluce Por la vía Nova con adoquines originales, se levanta la iglesia Santa María Antigua que es el edificio cristiano más antiguo y decorado sobre ruinas paganas, por varios Papas No muy lejos, se levanta Santa María La Nueva (o San Francesca Romana) que se construyó en el siglo X y que con su campanario elegante, es uno de los monumentos de mejor presencia en el Foro. Se describen los remanentes de muchas construcciones más, cuyas estructuras descansan bajo tierra y lo que ha permanecido a la vista, ha sido terriblemente dañado, por incendios, pillajes y utilización del material (los grandes mármoles) en nuevas construcciones. Para el turista, basta con recorrerlo una vez e informarse de donde latió el corazón de ese imperio de 1000 años. Pero no se espere ningún impacto estético.

Monumento a Vittorio Emanuele (2013)

Palacio de la gobernación (2013)

Y mucho más reciente, en plaza Venecia, el enorme y discutido monumento a Victorio Emanuele, con el palacio presidencial a su vera. La calidad artística de esta enorme estructura, ha sido cuestionada por los propios romanos. 

En nuestro recorrido de 2018, fuimos a conocer el Mausoleo de Augusto, en la ribera del Tiber y al norte del castello Santángelo. Es uno de los monumentos más olvidados de la ciudad. Los restos del gran Emperador están cobijados en un edificio con aspecto de pequeña iglesia y resguardados bajo una gran cúpula (Ara Pachi), pero al estar sujeto a un proceso profundo de reparación, no nos dejaron ingresar a visitarlo. Enfrente se alza un museo con información actualizada sobre la regia Tumba

En los últimos años ha realzado su atractivo turístico las callecitas, negocios y bares y restaurantes del trastévere. En un día de largas caminatas, partimos del conocido mercado de las flores, atravesamos la zona del gueto o barrio judío y el magnífico teatro de Marcelo que después describiremos con algún detalle, cuando lo visitamos en el 2013 y atravesando el Tiber, por la ísola Tiberina, nos introducimos en ese barrio bullicioso del viejo trastébere, lugar primitivamente pobre, portuario, de inmigrantes y judíos que hoy (2018) ha experimentado una renovación extraordinaria, con gran vida nocturna en la que participan romanos y extranjeros. Estas calles estrechas están colmadas de bares, restaurantes con mesitas sobre el pavimento, negocios de artesanías y de modas que apenas se acomodan en vetustos edificios reciclados. Cuando la visitamos, en junio, plantas y flores, lucían por doquier. Pero la gema de la zona, donde se localiza mayor actividad de este barrio de la Roma medieval es la Plaza de Santa María in Trastévere y su hermosa basílica. Como corresponde a una plaza romana, está centrada por una “fontana” imponente y rodeada de bares y grandes construcciones. La otra iglesia de la zona, que también conocimos, es Santa Cecilia en Trastévere, rodeada por un bello jardín y una entrada barroca con grandes jarrones romanos. Su interior es luminoso y amplio guardando los restos de Santa Cecilia, trasladados desde las catacumbas.

Hemos mencionado previamente, el Mercado de las Flores. Es un lugar muy particular de la ciudad y un mercado gigantesco. En una de las estadías (2013) fuimos caminando con el grupo familiar desde piazza Novona, pasamos por una importante excavación que se corresponde con el viejo senado Romano, en una de cuyas esquinas se habría consumado el asesinato de Julio Cesar por Brutus y demás senadores confabulados en un lejano marzo antes de Cristo.

Ruinas del Senado Romano (2013)

Pocas cuadras más y entramos en el campo dei Fiori, una de las plazas más originales de Roma, rodeada de mercados de productos alimenticios y flores, restaurantes baratos y tiendas de ropa usada y marcas de bajo precio. Lugar vibrante y colorido en la actualidad, fue evolucionando de zona residencial se convirtió luego en lugar de ejecuciones públicas. Una de ellas, Gioedano Bruno, fue quemado vivo por herejía en el 1600 y ahora ostenta una estatua sombría en el centro de la plaza, manteniéndose como único barrio o área de la ciudad donde no se construyó ninguna iglesia.

Unas cuadras más y entramos al viejo Gueto romano y mucho más antiguo aún, a las ruinas del teatro de Marcelo. Aquí habita la comunidad judía más antigua de Europa, habiendo permanecido en la vecindad por más de 2000 años. Ahora sus calles son tranquilas y agradables pudiéndose transitar entre negocios y algunos restaurantes hasta divisar un imponente edificio que se corresponde con la Sinagoga y el Museo del Holocausto.

Museo del Holocausto en la Judería (2013)

Museo del Holocausto en la Judería (2013)

A partir del 1555, por bula del Papa de la contra reforma e impulsor de la inquisición, Pablo IV, los judíos fueron despojados de sus posesiones y debían usar distintivos que los identificaran al salir del Gueto. Además eran obligados a asistir a sermones cotidianos, para su conversión al cristianismo. Luego las leyes restrictivas se abolieron progresivamente hasta Musolini donde más de 2000 judíos fueron encerrados y la mayoría, muertos En esta misma área se accede a unas ruinas de enorme extensión e importancia: el teatro de Marcello. Como gran teatro y no una arena donde gladiadores o cristianos luchaban y morían, fue menos atractivo que el Coliseo pero en su apogeo debe haber sido impresionante y con facilidades para 20000 personas. Augusto fue quien completo la obra en el año 11 AC. Enormes columnas y arcadas, desde luego despojadas de su mármol y de lo que fuese valioso, es lo que resta hoy día, pero aun así, el viejo esqueleto impacta por su grandeza y bello clasismo.

Ruinas del Teatro Marcelo en la Judería (2013)

Ruinas del Teatro de Marcelo en la Judería (2013)

Casi para el final, reservo la mención de estructuras que fueron esenciales en la vida romana: las Termas. La ciudad y los alrededores están plagadas de ellas, la mayoría ya abandonadas o utilizadas con otros fines, como las Termas de Caracalla Estas, las más lujosas de las que existieron fueron construidas por Septimio Severo para su hijo, el emperador Caracalla y tenía comodidades para 2000 bañistas y cientos de visitantes en sus alrededores. En el siglo VI con la invasión goda se cortaron los acueductos que iban a Roma y secaron la Termas. En la actualidad sólo persisten impresionantes paredes con parte de sus bóvedas de las oficinas o edificios centrales y el extenso lugar se lo adaptó para funciones operística en los meses de veranos. Hemos visitado estos impresionantes complejos pero lamentablemente, fuera de temporada. La terma de Dioclesiano fue la mayor de Roma y también se clausuró en el siglo VI. Miguel Ángel convirtió su sala principal en la iglesia Santa María de los Ángeles y el resto es hoy día el Museo Nacional de Antigüedades de Roma que se abre en una plaza La de la República, de aspecto decadente y vecina a la estación Términi de trenes. Y cerrando este comentario, quiero referir unas termas privadas en Fiumicino, vecino al aeropuerto Internacional, denominadas CQ Termeroma donde pasamos dos magníficos días de descanso entre fuentes de aguas termales, baños de vapor, cavernas de agua surgente, todo ello en medio de un espléndido parque y edificios muy toscanos donde la comida y el relax eran el objetivo logrado del hotel. Muy recomendable.

Existen varias Catacumbas que pueden visitarse y ese dédalo de túneles, fue sitio de reunión y camposanto de los seguidores de Jesús en esa época de cruel persecución.

La de San Calixto tiene su entrada sobre la adoquinada Vía Appia Antica y es la más extensa con 20 kilómetros de galerías laberínticas y 5 niveles de profundidad. Múltiples nichos están escavados en la roca volcánica quedando a la vista los esqueletos de los cristianos muertos. Las criptas más famosas son la de los Papas, que en general fueron muertos en martirio y la de Santa Cecilia, martirizada y muerta en el año 230. Algunas de las paredes escavadas, tienen frescos y hermosos decorados, pero en general el ambiente es severo, imponente y sofocante.

Además conviene recorrer estos laberintos con un guía experimentado, pues la posibilidad de extraviarse es muy real y terrorífica. Uno emerge de las Catacumbas vivamente impresionado con más clara sensación de lo que fueron los albores de nuestra religión en Roma. Otras Catacumbas son las de Domitila, casi tan extensa como la anterior, la de Priscila, caracterizada por la calidad de las pinturas que adornan sus paredes y donde varios Papas fueron sepultados y la de San Sebastián, donde el famoso santo fue enterrado luego de su martirio a flechazos, tan reproducido en cuadros célebres.

Quizás el contraste a este delirio de persecución, sea el Hollywood italiano o Cinecitá, la “ciudad del cine”, creada por Mussolini, que también se ubica en Roma, pero cuyos estudios no tuvimos el deseo de visitar, Queda para los fanáticos de ese gran cine.

Fuente de Villa de Este,Tivoli (1960)

Villa Adriana, Tivoli (1960)

En nuestro viaje de 1960, concurrimos con el auto dos lugares muy promocionados y por cierto agradable e instructivos en las afuera de la ciudad; Tivoli, una activa población que contiene a Villa del Este, un antiguo palacio de verano del hijo de Lucrecia Borgia, con sus magnífico juegos de agua, estanques poblados de peces y parques de gran belleza y más en las afueras, Villa Adriana, enorme, muy en ruinas por saqueos constantes y también contenida en una campiña encantadora. Ambas son vecinas y se recorren en el mismo día.

Al partir con el auto en una mañana fresca de 1960 y con todo el impacto emocional que nos dejara la capital de este Imperio único, que sembró las ruinas del presente, con el sello imborrable de una nueva religión, que irrumpió en pleno apogeo de sus poderes, sufriendo, primero la persecución brutal y luego la adopción, que la expandió por el mundo entero, esta capital que reemplazó sus viejos santuarios por extraordinarias iglesias, produjo un terremoto cultural cuyos remezones han alcanzado a nuestros días. Por sus tesoros artísticos fue excluida de los bombardeos aliados en la segunda guerra mundial. Este regalo del pasado que por su imponencia y falta de conservación provoca una suerte de rechazo en cierta clase de turistas, nos condicionó a volver, una y otra vez, a punto tal que para nuestro último contacto acumulamos más de 100 días de estadía en un número de años que prefiero reservarme. Con el recuerdo fijado en tantos lugares imborrables, pasamos por la Pirámide de Cayo Cestio, construida como tumba en el siglo 12 luego de cristo. Revestida de mármol, esta pequeña pirámide está hecha de ladrillo y es simplemente una curiosidad lejos de las tierras egipcias y por supuesto sin la grandiosidad e importancia de aquellas tumbas regias que han perdurado en el desierto.

Callecita de roma (2013)

Callecita de Roma a la noche (2013)

Concierto de la Orquesta de la Policía en la Plaza San Ignacio (2013)

Interior del Palacio Doria-Pamphili (2013)

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