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Actividades » Viajando

Un viaje a la Toscana...

Roberto Tozzini narra los viajes a Florencia y sus alrededores entre los años 1960 y 1990, y un último viaje en 2018.


Con inseguridad avanzamos por las calles tortuosas de la ciudad de los Médicis, la cuna del renacimiento Italiano. Mientras buscábamos el hotel que nos habían recomendado, venían a mi mente el recuerdo de aquellos artistas sublimes que dejaron su impronta indeleble en la vieja ciudad, en basílicas, iglesias, monumentos, lienzos, pinturas y esculturas formidables bajo el patrocinio del gran mecenas de Florencia, Lorenzo de Médici. Aquí habían vivido y trabajado, Leonardo da Vinci,  Rafaello, Miguel Ángel, Boticelli, el Peruggino, Bellini, Donatello, Fra Angélico y tantos otros gigantes que arrancaron a la Europa de la  Edad Media, para dar paso a esa explosión artística e intelectual, estética y filosófica que se llamó Renacimiento.

La Sagrada Famiglia, Miguel Ángel, Iglesaia Santa María dei Fiori

Encontrado nuestro alojamiento sobre el río Arno, salimos a caminar ya entrada la noche por ese maravilloso casco antiguo, donde se concentra toda la historia y la grandeza de esta ciudad-museo. Doblando una esquina como tantas, enfrentamos una plaza muy iluminada y quedamos casi paralizados por el asombro: una mole de mármol en los consabidos colores blanco y verde, imponente, extraordinaria, se levantaba ante a nosotros.  Estábamos viendo por vez primera, la más bella de las magníficas catedrales italianas; Santa María dei Fiori con su enorme cúpula roja y listones blancos, diseñada por Brunelleschi.

Volvimos conmocionados al hotel, por esas calles penumbrosas que ocultaban por el momento la identidad de palacios y mansiones, iglesias y monumentos, que la luz del día nos iría a revelar.

Temprano en la mañana siguiente, caminamos por la rivera del Arno que, como una cinta de tonalidades verde – azuladas, se extendía lánguidamente entre las dos mitades de la ciudad. Tras algunos puentes, dimos con el que buscábamos, el “vecchio”, el clásico puente florentino, que parece una calle más, con sus negocios y escaparates en ambos lados del camino, de manera tal que el río casi pasa desapercibido. Un par de cuadras más adelante y aparece el gran palacio al que nos dirigíamos, mapa en mano: el Pitti. En eternas refacciones, el exterior no se podía visualizar con nitidez, pero el interior era una gloria. El Palacio es una joya en sí mismo, con sus coloridos pavimentos de mármol pulido; techos y paredes con frescos y luminosas pinturas, molduras, estatuas y cuadros; mobiliario preciosamente decorado. Existe tanta exposición de refinada belleza que, por momentos, abruma. Entre los magníficos cuadros que se exponen, aún recuerdo aquellos que me impresionaron vivamente: un San Sebastián, con las flechas atravesando la carne, de Juan Antonio Razzi, “el sodoma”; las pinturas de Rafael, en particular la “Virgen de la silla” que trasmite una suavidad y dulzura extraordinaria. Para este cuadro, así como para “La fornarina”, que está en Roma, y otras delicadas imágenes, la hermosa modelo, fue el gran amor del pintor. También se aprecian hermosos cuadros del sevillano Murillo y otro gran español, Velásquez, firma un impecable retrato de Felipe IV de España. Posiblemente el más grande pintor veneciano, Tiziano, tiene aquí un cuadro magnífico: “El gentilhombre de los ojos glaucos” y también recuerdo toda la fuerza de la pintura de Andrea del Sarto en “San Juan Bautista”. Muchas, muchísimas obras más, engalanan las innúmeras habitaciones de este palacio renacentista, dejándonos absortos y fatigados ante el esfuerzo de absorber tal despliegue estético. Máxime que esta era nuestra primera ocasión de tomar contacto con las grandes obras de los mejores artistas europeos de los siglos XV, XVI y XVII.

Vista panorámica de Florencia

Iglesia Santa María dei Fiori

Terminado el recorrido, salimos a los jardines de Bóboli, diseñados al estilo italiano, donde árboles y plantas adecuadamente combinados, constituyen el verde escenario para que resalten grupos esculpidos en mármol o construcciones decorativas, como el Patio de Baco y la Gruta del Buontalenti que contiene estatuas realizadas por Miguel Ángel y Giambologna.

De regreso del Palacio Piti y tras una deliciosa “pasta” en uno de los tantos restaurantes de la zona, volvemos por el “Ponte Vecchio” al corazón neurálgico de la vieja Florencia: la plaza de la Signoría, a través de la vía Calzaioli. El Ponte Vecchio forma parte de la historia florentina por derecho propio y su importancia lo salvó de la destrucción por las fuerzas nazis que volaron todos los puentes de Florencia al retirarse menos éste. Sí cayó por las bombas aliadas, pero fue reconstruido, piedra por piedra empleando incluso los fragmentos de material caídos al Arno. En su origen estuvo ocupado por carniceros y pescadores que vertían al río sus desechos. Pero el duque Cósme I, molesto por los olores que se respiraban camino al Palacio Pitti, lo transformó en un vistoso corredor ocupado por joyeros y orfebres con trabajos famosos en toda Italia. 

Regresamos a la Plaza de la Señoría. Los acontecimientos de mayor importancia en la vida civil de la historia florentina se habían desarrollados sobre las gastadas lajas de piedra de esta plaza. Un disco metálico en su piso, recuerda el lugar en que ardió la hoguera que consumió a Savonarola, el gran monje censor de los excesos de obispos y patricios florentinos.

En el centro de la plaza, se levanta una fuente, “fontana” de Ammannati con una enorme figura de Neptuno algo tosca y no muy apreciada por los italianos. En su extremo derecho, encontramos una magnífica galería, “La loggia de la Señoría”, germen de la arquitectura renacentista que contiene en pública exposición, esculturas de un valor incalculable. Allí se ve la obra maestra de Benvenuto Cellini, “El Perseo” que, en victorioso trofeo, sostiene con su mano izquierda la cabeza seccionada de la Medusa, “El rapto de las Sabinas” de Giambologna”, “Hércules y el Centauro” del mismo autor, y otras estatuas excelentes.          
Al fondo de la plaza, flanqueado por una copia del “David” de Miguel Ángel, nos encontramos con la joya mayor, el antiguo Palacio del pueblo o de la Señoría, hoy conocido simplemente como palacio “Vecchio” y que en el siglo XIV fue la sede del gobierno Comunal. Es una amplia y maciza construcción, de fina elegancia, con un corredor almenado en su piso superior y una airosa torre que parece una flecha que desde un costado se eleva al cielo por sobre todos los techos de Firenze, como un vigía protector de la ciudad. El recorrido del interior del palacio (en su ingreso encontramos una fuente rematada en un angelito de belleza infinita) y el ascenso a la torre con la visión del caserío circundante, es una experiencia muy recomendable.

Adyacente al palacio se levanta una importante construcción dividida en tres alas, realizadas por Vasari para Cosme I (el padre de la Patria, para los florentinos). En la actualidad alberga una de las colecciones pictóricas más importante del mundo y sin disputa, la más importante en pintura italiana de los siglos XIII al XVIII, conocida como “Galerías de los Oficios” (Uffice, en italiano). F I aquel entonces, el ingreso fue rápido y sencillo, con el FIAT estacionado en una calle lateral, mientras que ahora, largas colas enfrían al mejor de los entusiasmos. En su interior, la pintura clásica brillaba en todo su esplendor. Sin duda se encuentra aquí la más completa colección de pintores italianos, con lienzos del siglo XIII y XIV como el Crucifijo de Cimabue; del siglo XV (pinturas piadosas de Fra Angélico y un magnífico retrato de Piero della Francesca) y los mayores representantes de ese siglo maravilloso: el Peruggino, Lucas Signorelli, Caravaggio y luego la explosión mayor del Renacimiento, con Leonardo, Botticelli, Rafaello, Miguel Ángel (recuerdo un hermoso medallón de la Sagrada Familia). Finalmente, los grandes pintores venecianos, maestros del claro-obscuro, Tiziano, Tintoretto, Veronese y otros. 

La pintura europea muestra además magníficos representantes; el infaltable y prolífico Rubens, con sus guerreros y sátiros musculosos, sus mujeres blandas de carnes blancas y abundantes, su acción y colorido; Rembrandt con su dibujo exquisito y sus amarillos misteriosos y la escuela Flamenca, la Alemana, la Inglesa y Española de esos siglos.

Y también tapices, extraordinarias esculturas y tal profusión de objetos artísticos, que un vértigo se apodera del alma, conmovida y abrumada ante tan amplia exposición de belleza. Estas extensas galerías deben ser recorridas en dos o tres días. Es un consejo sano.

Concluído este contacto de iniciación profundo y estremecedor con el principal centro del arte florentino, nos dedicamos con más tranquilidad, a visitar los venerables edificios y monumentos del centro de la ciudad y sus alrededores

Piazza di la Signoría, Fontat de Neptuno

David, de Miguel Ángel, Galería de la Academia

Las Iglesias de Florencia:
Volver a la sublime catedral después del impacto nocturno, era casi un imperativo. Ahora vimos con detalle mayor, el Batisterio, vieja construcción romana, de forma octogonal, reformada por la cristiandad y cuyas puertas de hierro y bronce exquisitamente cinceladas, son tan hermosas que hizo exclamar a Miguel Ángel al observar una de ellas: ¡“Esta es la puerta del Paraíso”! Desde entonces, ese es el nombre con que se la conoce y se considera el mejor trabajo realizado por Ghiberti. El Campanario, bella torre de mármol blanco y verde es una estructura rectangular de graciosa figura que se eleva al nivel del Palacio Vecchio. Y finalmente el “duomo”o catedral, bellísima construcción para gigantes por sus dimensiones desusadas y su cúpula increíble diseñada por Brunelleschi. Fue inaugurada en marzo de 1436 aunque 10 años después, el mismo Brunelleschi colocó sobre ella un farol octogonal y una esfera dorada que sostiene la cruz.

Desesperado por su gran tamaño, desde mil ángulos intenté fotografiarla sin lograr que ninguna vista la contuviera en su totalidad. Pero en nuestro recuerdo, activado por sucesivas vistas, persiste su magnífica imagen integral. El espacioso interior es austero y apto para la meditación; como muy destacable, rescato una “Pietá” de Miguel Ángel de incompleto acabado, pero con toda la fuerza que trasmite este genio de las artes plásticas.

Después visitamos, en distintos momentos, otras fabulosas iglesias, producto de ese período genial de la historia de Florencia. La basílica de la “Santa Croce”, de origen franciscano, es un verdadero panteón de distinguidos florentinos (artistas banqueros y políticos) que se conservan en las numerosas y bellas capillas de su interior. La primera presenta el monumento de Vasari a la tumba de Miguel Ángel y si continuamos por su costado derecho veremos una sucesión de frescos de impresionante factura. Vale mencionar el cenotafio del Dante (su tumba está en Ravenna), el monumento a Alfieri de Canova, la tumba de Maquiavelo, la capilla adornada por Donatello que alberga la tumba del gran músico operístico Rossini. Las capillas Bardi y Peruzzi, contienen quizás la obra pictórica más importante de la iglesia; frescos con escenas de la vida de Juan el Bautista y San Francisco pintados por Giotto entre 1320 y 25. El lugar está tan poblado de florentinos e italianos ilustres, exaltados por obras de los mejores artistas del renacimiento que la visita debe prolongarse algunas horas y nunca es completa. Capillas adyacentes como la dei Pazzi quedaron para una segunda recorrida.

Santa María Novella iglesia madre de la congregación dominicana, es la segunda en importancia histórica y artística en la capital florentina. Fue iniciada en el siglo XIII, pero recién se completó a mediados del siglo XV El exterior, muestra su frente románico plano de mármol toscano y en su interior la disposición de sus columnas en la nave principal, dan una sensación de amplitud mayor a la real. El valor artístico de la Iglesia, descansa en buena medida en la sucesión de bellísimos frescos, obra de Masaccio (La trinidad a la izquierda del Púlpito), Filippo Lippi y Ghirlandaio. F. Strozzi, banquero, en su capilla encargó a Filippo Lippi la pintura de frescos sobre la vida de San Felipe apóstol. Esta Capilla se halla a la derecha del Presbiterio, al fondo de la nave central. También se destaca un bello púlpito diseñado por Brunelleschi desde donde los dominicos denunciaron a Galileo por sus observaciones científicas que consideraban blasfemas. No obstante, la tumba de Galileo se encuentra en esta Iglesia. Sobre el costado izquierdo del Prebiterio o Capilla Tornabuoni, admiramos los frescos más impresionantes y quizás el mayor tesoro pictórico de la Iglesia: escenas de la vida diaria florentina, figuras relevantes de la ciudad junto a temas de los hechos de San Juan Bautissta y de la Virgen pintadas por  Doménico Ghirlandaio, por encargo de otro banquero, Tornabuoni. La capilla a la izquierda del altar, llamada Gondi, contiene un famoso crucifijo de Brunelleschi, tallado en madera. Y nos quedan los frescos de la Capella Strozzi así llamada por responder al encargo de otro banquero/ prestamista, Tommaso Strozzi antecesor del citado primer término y realizadas por Nardo di Cione sobre temas del paraíso e infierno de Dante.

Al lado de la Iglesia se puede visitar el Museo de Santa María Novrlla.

La Basílica de San Lorenzo es una de las más importantes de la ciudad y la más antigua, ya que fue consagrada por San Ambrosio en el 393. En el siglo XV, por encargo de los Médicis, Brunelleschi la rehizo por completo, aunque su fachada de ladrillos quedó parcialmente desnuda a la muerte del gran arquitecto. El interior es del más puro estilo renacentista y diseñado en parte por Miguel Ángel. Aquí, como en Santa María dei Fiori, impresionan los grandes espacios vacíos que contrastan con las paredes con vívidos colores. Dos púlpitos elevados en el medio de la nave, están primorosamente tallados por la mano de Donatello que dejó aquí su obra póstuma y también su cuerpo pues se encuentra enterrado en una capilla en la parte izquierda del crucero. Debajo de la gran cúpula una inscripción en el piso de “Pater Patriae” y unas rejas, señalan la tumba de Cosme el viejo, mecenas de Donatello. Atravez de una puerta, a la izquierda del altar mayor, se ingresa en la “vieja Sacristía” diseñada también por Brunelleschi y donde descansan muchos miembros de la familia Medici. Allí se admira una hermosa pintura de Donatello “San Esteban y San Lorenzo” Anexa a la iglesia, puede visitarse otra obra maestra de la arquitectura: la biblioteca Médici.

Iglesia Santa Trinidad: esta iglesia fue fundada por un noble convertido en monje Benedictino. Además de la atractiva mezcla de estilos, con un frente manierista y un interior gótico, lo valioso de esta iglesia, desde lo artístico y turístico, es la magnífica sucesión de frescos de Doménico Ghirlandaio. Las principales pinturas se encuentran en la capilla Sassetti, otro banquero de los Médici y mecenas de artistas. También se encuentran hermosos frescos de Mónaco y de Lorenzo di Bicci, sobre la vida de Gualberto, el monje fundador de la iglesia.

Por último, incluyo en mi recorrido, religioso la pequeña Capilla de Orsanmichelle. Fue construida en el año 1000, para después transformarla en un granero y más tarde recuperada como oratorio y bellamente ornamentada. Así se la encuentra hoy día, con delicados trabajos de Donatello, Giambologna y Ghiberti, entre otros destacados artistas de la época. El tabernáculo, es una joya de ese entonces y constituye uno de los mejores exponentes florentinos del gótico florido.  

Cerca de la basílica de San Lorenzo, se encuentra uno de los monumentos funerarios más importante de la Florencia antigua y muy probablemente, de toda Italia: la Capilla de los Médicis.  Este extraordinario edificio sepulcral, realmente un Mausoleo, es una obra maestra de Miguel Ángel Buonarotti y constituye una de las joyas imperdibles de Florencia. En su interior, impactan con fuerza alucinante, unas impresionantes  figuras de mármol blanco que esculpió como guardianes eternos en las distintas sepulturas de la familia los Médicis, Lorenzo el magnífico entre ellos. También sobre el altar de la capilla se encuentra una bellísima escultura de la Virgen y el Niño, salido siempre de la mano genial del florentino, que inclusive dirigió la construcción del regio mausoleo, tumba apropiada para quienes fueron los reyes sin corona de esta Ciudad – Estado.

Cuadro Goya, palacio Pitti

El rapto de las Sabina de Giambologna, al fondo Palazzo Vecchio

Palazzo Vecchio

Asimismo, Florencia es pródiga en elegantes palacios; además del Pitti y sus jardines únicos que ya describimos, puede mencionarse el de Strozzi, de excelente estilo renacentista pero de construcción posterior y el del Barghello, que conserva detalles  medievales, edificado a mediados el siglo XIII, para sede del Alcalde y en la actualidad, es un importante museo, que exhibe buena parte de las mejores esculturas toscanas de los siglos XV y XVI, entre ellas piezas magníficas de Buonarotti, Donatello y Cellini. Cuatro estatuas esculpidas por Miguel Ángel atraen buena parte de los visitantes en la planta baja, destacándose un Baco ebrio, obra de juventud que comenzó a cimentar su fama. Aquí se encuentra también la clásica figura de Mercurio alado, transformado en un ícono comercial salido de la mano de Giambologna. También en bronce se destacan obras de Benvenuto Cellini, que habría de culminar su excelencia con el Perseo exhibido en la Loggia de la Señoría (aunque en la actualidad, allí se encuentra una réplica y el original se ha trasladado a este museo). Subiendo al segundo piso en el salón del Consiglio General, está en exhibición lo mejor de Donatello, como el San Jorge, el David, el Marzocco (león heráldico de Florencia) y muchas obras más.

Una de las visitas imperdibles en esos días de trajín agotador, recorriendo el extenso casco antiguo de Florencia, es el Convento de San Marcos. Perteneció a los frailes dominicanos de la comunidad de Fiésole y en la clásica galería de claustros que encierran el cuadrado patio central, se encuentran unos magníficos frescos, plenos de luminosidad y sencillez evangélica. Fueron pintados para estimular a sus hermanos de orden  en la oración, el recogimiento y paz espiritual por quien fue conocido como Fray Angélico por la naturaleza casi sobrenatural de su arte. Se destacan “La Anunciación”, la “Transfiguración” y la “Virgen en su trono entre Santos” y constituyen en su conjunto, un legado artístico único. En una de esas celdas del primer piso, con un piadoso fresco sobre el martirio de Cristo, vivió y oró Fra Girolamo Savonarola, ardiente reformador y crítico de las costumbres licenciosas de sus contemporáneos, incluido la poderosa y dominante familia de los Médicis y obispos amantes del lujo a quienes denostó por su avaricia y lascividad desde el púlpito de la Iglesia San Lorenzo. Ello lo llevó a confrontar con sus superiores y a ser acusado de hereje injustamente. Fué condenado a morir en la hoguera que se prendió en plena plaza de la Señoría, como un contraste macabro entre la belleza y la exaltación del humanismo y la venganza rencorosa que alienta la parte más obscura del espíritu humano. En el piso de la plaza, como se dijo, un pequeño disco metálico señala el sitio preciso donde se consumó este acto atroz.

Perseo y Medusa, de Benvenutto Cellini, Palazzo Vecchio al fondo

Fuente en el ingreso al Palazzo Vecchio

Rio Arno, Florencia

Cerca de San Marco, se encuentra una Galería del siglo XIV, llamada de la “Academia” en cuyo interior se exhibe una de las esculturas más significativas e impresionantes de Miguel Ángel. Me refiero a su “David” con más de 3 metros de talla, su figura majestuosa, de fuerza y belleza arrolladora, muestra un detalle anatómico pocas veces igualado, nunca superado. Aparte de los griegos, hay un antes y un después de esta imponente escultura. Cuando Miguel Ángel esculpió este mármol precioso, tenía sólo 26 años y tardó tres en terminarla. Muy pronto la obra se convirtió en un símbolo de la ciudad; fuerte, bella serena e independiente. En la Galería, se aprecian también otras esculturas inacabadas del genial artista y algunas de sus escasas pinturas. Excelentes obras de otros artistas pasan casi desapercibidas por los visitantes frente al atractivo del David

Palacio Medici-Riccardi: Fue la residencia de la familia Médici durante casi un siglo hasta que hasta que, como gobernantes, se trasladaron al Palazzo Vecchio. Si se lo visita, vale conocer la capilla de los Magos donde se encuentran hermosas pinturas de Gozzoli, que desarrolla precisamente el tema de los reyes Magos, aunque los distintos Médicis y escenas de la vida florentina se exponen con gran colorido y minuciosa descripción. Son muy decorativas y apreciadas por los visitantes.

Vista panorámica de Florencia

Vista de la Iglesia Santa María dei Fiori, desde la torre del Palazzo Vecchio

Santa María Novella

Catedral de Orvieto

Aprovechando nuestro Fiat, realizamos breves incursiones por las suaves colinas que rodean la ciudad. Saliendo por el puente de San Niccoló, se sube a una explanada, denominada piazzale (“placita”) Miguel Ángel, desde donde se tiene una perfecta vista panorámica de Firenze, con su perfil inconfundible dominado por la grácil torre del Palacio Vecchio y la elegante cúpula roja de Santa María dei Fiori. Más cerca de nosotros la verdosa lengua de agua del Arno zigzaguea entre el caserío, cruzado por sus clásicos puentecitos. Vale la visita a una iglesia románica que conserva su estructura originaria: San Miniato del Monte. Su fachada de líneas simples y armoniosas está revestida del vistoso mármol toscano blanquiverde y en su interior con un magnífico piso también de mármol, se luce al fondo de la nave central, el Tabernáculo del crucifijo, donde se guardaba una reliquia de los primeros años del cristianismo. En la vecindad, Fiésole es una antigua y agradable población con casas señoriales de descanso de los propios florentinos, con su campanario almenado y su iglesita característica.

Pero además del arte, la historia, los palacios, los monumentos funerarios y las iglesias deslumbrantes, hoy late una Florencia vital, renovada, permanente. Hay elegancia y distinción en sus habitantes; las galerías, joyerías, los negocios, las boutiques expresan su gusto refinado en bellos diseños y en exposiciones de alta calidad. Ya en el 60, la guerra había quedado muy atrás y no se vivía del pasado, sino que se apostaba a un futuro que como fuimos viendo, fue cada vez más venturoso. La Toscana, heredera etrusca, e Italia se recuperó de la destrucción y como planta en primavera, volvió a florecer con todo su esplendor.

Nos vamos de Florencia maravillados sin musitar ni un adiós.

El Juicio final, de Lucas Signorelli (Catedral de Orvieto)

Catedral de Orvieto

Catedral de Orvieto

Alrededores de Sienna (Vista desde el campanario)

En 1971 realizamos nuestro último viaje a Europa en barco y en esta ocasión decidimos llevar en la bodega nuestro automóvil recientemente adquirido, un FIAT 1600, desembarcando en Nápoles. Después de un viaje panorámicamente maravilloso, llegamos a Roma y luego de una breve estadía, seguimos a Florencia, donde pernoctamos varios días para completar nuestro conocimiento de la ciudad-Estado del Renacimiento. Con el recuerdo de nuestro viaje anterior de 1960 nos pareció agradable la reserva del mismo albergo que utilizamos en ese entonces, pero pronto comprendimos que en una década nuestras exigencias habían cambiado y el alojamiento sobre el Arno quedó para la historia buscando algo más confortable y moderno. Así con nuestro Fiat recorrimos distintos lugares de Florencia hasta dar con un hotel más que aceptable, cerca de la estación central ferroviaria. Todavía eran tiempos donde, aún en alta temporada podía conseguirse habitaciones sin reserva previa en hoteles 4 y 5 estrellas. Así ya a gusto procedimos a recorrer lugares que habían calado muy hondo en nuestras emociones como el Palacio Pitti, con su insuperable riqueza en cuadros, mobiliarios, sus techos deslumbrantes, las pinturas de Rafaelo, de los grandes venecianos, las mujeres de Rubens, el Sebastian de Sodoma y tantos, tantos más. Y afuera, la luz de la toscana en los hermosos jardines del palacio. De regreso al puente viejo (mas calle de antiguos negocios y joyerías que puente) y otra vez la plaza de la Señoría. Casi sin colas, ingresamos a la enorme galería de los Uficci para completar nuestra recorrida del 60, donde exhaustos dejamos muchas salas sin ver.   Desde las audaces e innovadoras para la época, pinturas de Sandro Boticelli con el cuerpo desnudo de la mujer (impensable en la moral del Medioevo) hasta la presencia de bellísimas estatuas tomadas por los romanos sobre modelo helénico, que también valorizó el cuerpo siglos antes de Cristo, disfrutamos en la nueva recorrida de la Venus de Médici, considerada como una de las venus más sensuales del mundo antiguo y que en su momento fascinó a Lord Byron. Allí repasamos bellos cuadros de la juventud de Leonardo, la serena belleza de Rafael, la rareza de un cuadro medallón de Miguel Ángel, la introspección y la paz de un Fra Angélico, una Sagrada Alegoría de Giovanni Bellini junto a otros grandes venecianos, maestros del claro-obscuro Y artistas italianos precursores como Filipo Lippi, Piero della Francesca, Peruggino, Luca Signorelli y más atrás, Massacio, Ucello y sobre todo el incomparable Giotto.  Una lista interminable para un arte sorprendente que llenó de luz a un mundo sombrío y reintrodujo a la figura humana con toda la belleza y fuerza de su centralidad en el escenario del mundo. El ascetismo va dando su lugar al humanismo. De museos y Palacios nos resultó suficiente para enriquecer nuestros recuerdos estas dos grandes visitas, con la excepción del David que quisimos volverlo a ver. Después, recorrimos el patrimonio inacabable de las grandes iglesias, sobretodo Santa María Novella y  la Santa Croce, donde siempre se descubre algo omitido y muy digno de ver. De la Basílica de San Lorenzo, nos quedaba por ver el Ricetto y la Biblioteca Medicea Laurenziana, ambas obras asombrosas de Miguel Ángel con toques extraños como pilares que nada sostienen y una notable escalera negra. Del Ricetto se pasa  a  la biblioteca, encargada por el Papa Clemente VII (otro Médici) para albergar unos 15000 valiosos volúmenes y manuscritos originales   o incunables  Vale también mencionar visitas breves a las casas de Galileo, transformada en un importante museo de ciencias, la de Dante y la de Miguel Ángel (esta última con obras menores del gran artista por lo que la recomendación de verla no es más que tibia) Y dejamos la magnífica ciudad unos pocos años antes de la terrible inundación que dañó severamente parte de este patrimonio cultural y requirió más de una década de grandes esfuerzos de restauración.   

Orvieto

Callejón de Orvieto

Catedral de Sienna

Fundamentalmente durante la década de 1980 - 90, el mapa europeo sufre transformaciones que no preveíamos con esa inmediatez, que nos asombraron y entusiasmaron profundamente y que cambió de manera radical nuestras posibilidades de recorrer libremente y conocer buena parte del centro, este y norte de Europa. 

Volamos a Florencia para recordar y reverdecer nuestro contacto con una de mis ciudades predilectas de Italia. Íbamos de la expresión gótica ascética y la suntuosidad barroca a la explosión máxima del renacimiento: Firenze.

Nos acomodamos en un confortable hotel -viejo palacio-  situado en pleno centro del casco antiguo y comenzamos a deambular por los lugares conocidos y apreciados. Pero si bien toda la fuerza de ese pasado cuajado de artistas exudaba hasta por los muros vetustos de sus edificios, “nuestra” Florencia no era la de antes, la que conocimos en la primavera del 60 y del 71. Una muchedumbre de extranjeros ocupaba las calles, paseos, galerías de arte, museos, al punto que tuve que desistir luego de una larga cola en la Galería “Delli Ufficci” pues nos cansamos de esperar. Al palacio Pitti pudimos entrar, pero después de recorrer sus salones deslumbrantes, abarrotados de lienzos luminosos, me quedé sin ingresar a los jardines de Bóboli, pues otra cola y nueva entrada era requerida para la visita al parque. Hasta caminar por la “piaza de la Signoría” se volvía dificultoso. En fin, que la ciudad conserva su inagotable tesoro artístico, que Santa María dei Fiori sigue allí, que el David continúa mostrando su perfección y su fuerza a los que logran verlo, pero la horda turística descorazona e impide la contemplación extasiada y visita acabada de tantos lugares que en su tiempo exaltaron mi espíritu y encendieron mi imaginación.

Alrededores de Sienna (Vista desde el campanario)

Esta visión de la hermosa Florencia se completó con una ultima visita en el año 2018

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